DE QUE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE APOCALIPSIS
SEGUNDA EDICION (2025)
Acaba de salir la segunda edición de De qué hablamos cuando hablamos de apocalipsis. Los Perros Románticos vuelven a poner en circulación este libro de Emilio Ramón justo cuando el clima cultural parece hecho a su medida: cansancio, ironía, ciudades saturadas y una sensación permanente de colapso inminente. No es una reedición nostálgica, es una reaparición necesaria. El libro vuelve porque nunca terminó de irse.
El volumen reúne cuentos escritos en distintos momentos, pero leídos hoy funcionan como un solo pulso narrativo: el de la vida cotidiana empujada hasta el borde. Ramón escribe desde lo común —el trabajo, la caminata, la música, la pareja, el hastío— y desde ahí deja que lo extraño se filtre sin pedir permiso. Lo apocalíptico no llega con trompetas ni catástrofes épicas, aparece en gestos mínimos que se deforman, en una realidad que se resquebraja mientras seguimos funcionando como si nada.
Los personajes de estos relatos no adornan sus pensamientos ni buscan redención. Hablan directo, a veces con crueldad, a veces con humor negro, siempre desde una lucidez incómoda. Relaciones tóxicas, egos hipertrofiados, pulsiones violentas y transformaciones absurdas conviven con descripciones precisas de una vida común y corriente. El contraste es clave: lo grotesco se vuelve el punto de equilibrio entre lo trágico y lo cómico, lo bello y lo repulsivo, sin que el texto intente cerrar esas tensiones.
La segunda edición vuelve a destacar uno de los grandes aciertos del libro: su juego con el metarrelato y la verosimilitud. Desde la aparición del propio autor dentro de un cuento hasta el apartado final Lo que no se vio, con fotografías en blanco y negro que “confirman” los hechos narrados, la obra insiste en borrar los límites entre ficción y realidad. El lector no solo lee los cuentos: entra a un universo que se esfuerza por probar que aquello imposible pudo haber ocurrido.
Leer hoy De qué hablamos cuando hablamos de apocalipsis es enfrentarse a una idea incómoda: que el fin del mundo no es un evento futuro, sino una experiencia diaria. La narrativa de Emilio Ramón —punk, directa, cargada de cultura pop y reflexión existencial— no habla de dragones ni de plagas bíblicas, sino del derrumbe silencioso de lo cotidiano. Esta segunda edición recién salida no celebra el apocalipsis: lo reconoce, lo habita y lo convierte en literatura.
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