viernes, 1 de mayo de 2026

 TEODIOTEODIO

 ECHAREMOS EL CIELO ABAJO A PATADAS  (LP 2026)

 


 

 Por Desastre  Alterno

 


TE ODIO, TE ODIO Y CON GANAS



     Teodioteodio es una banda que destila poesía por sus poros. Sus integrantes son: Felipe Baraona (voz y declamación), Diego Álvarez (voz), Vicente González (guitarra), Pedro Krebs (también guitarra) y Tomás Alvear (batería). Bajo un concepto que siempre alude a la poesía y con amplias referencias al mundo literario, la agrupación dejó este 2026 ante el respetable, una obra llamada Echaremos el cielo abajo a patadas. Para quienes sean seguidores de la banda, anteriormente hubo una especie de “versión beta” del disco, que figura titulada como Despidiendo a Felipe, y que contenía temas en vivo.

El disco comienza con Lejos de México. Es un tema que empieza de forma hipnótica, con una belleza que es transmitida por las palabras de Felipe, quien declama mientras el coro suaviza la fuerza de lo recitado. La voz de fondo se va volviendo más fuerte a medida que avanza la canción. Este es el estilo de la banda y es el sello que está en los temas que siguen.

Pantera es una canción donde se puede encontrar una vertiente caótica de la banda. La poesía, en su esencia, es un lenguaje de múltiples interpretaciones y ese caos se puede encontrar tanto en los versos como en los gritos de fondo de este tema.

Con un sonido que podría recordar a una canción grunge, más elementos que continúan con la idea del caos, sobre todo en ese quiebre que rompe la calma, Catástrofe invade los sentidos. Hay algo de Eterna Inocencia en este tema.

Y a modo de puente, pues bien: Puente, un tema con referencias a Borges y donde parece que vamos caminando y somos invitados a reflexionar sobre lo que nos rodea. Empieza hipnótico para luego invitarnos a gritar.

Amar es un tema que prosigue con la búsqueda hipnótica que quiere transmitir la banda. En el caos de la canción, se conjuga lo suave con lo agresivo. El amor parece gravitar entre la locura y el desorden.

A modo de homenaje a Jorge Teillier, se incluye en este disco Nostalgia del Far West, donde el poeta habla de su natal Lautaro. Es un homenaje a cómo la banda ha sido influida por la poesía.

En Multitudes escuchamos el verso En las multitudes no eres nada, donde se interpela repetidas veces a la figura de Dios. Se expresa cansancio y molestia con las injusticias terrenales. Un tema largo donde la banda nos invita a pasear por distintos estados emocionales.

Finalmente tenemos el tema titulado Teodioteodio, que en la anterior versión en vivo se llamaba Yo contra yo. Tema nostálgico y poderoso que recuerda a Slint o Mono. En esta canción el poema declamado tiene versos de Pablo de Rokha, lo que nos recuerda a la banda Ocho bolas quien también sacó un disco en su homenaje.

Echaremos el cielo abajo a patadas es un disco potente, repleto de cambios en la guitarra y voces hipnóticas y gritos que apelan al despertar de esas emociones que reprimimos. Una creación poética que bebe de Teillier, Zurita, De Rokha y que se inspira en el post rock aunque también se puede encontrar en su declamación lo que podría llamarse poesía punk. Un disco para amar aunque sea odiando.
 
 

 
 
 

martes, 28 de abril de 2026

 DALIT

IDRATHERBETHINTHANFAMOUS

 


       Desde el primer vistazo al perfil de @idratherbethinthanfamous, queda claro que no estamos ante el típico portafolio pulcro diseñado para el algoritmo, sino frente a una bitácora de resistencia visual. Su obra es un ejercicio de honestidad brutal que se siente como encontrar un fanzine fotocopiado en el rincón más oscuro de una feria de libros usados. 

 

 

Hay una urgencia en el trazo, una falta de pretensión que golpea más fuerte que cualquier render digital impecable; aquí las imágenes se instalan en la retina con esa estética de lo inacabado, donde el error es parte de la composición y la precariedad del material se convierte en su mayor fortaleza.

 

 


 

 Lo que atrapa de esta propuesta es la capacidad de convertir el vacío en algo tangible. No se trata solo de dibujo, sino de una narrativa de la fragilidad que resuena con fuerza en el Chile de hoy, lejos de las luces del centro y los circuitos oficiales. Hay una melancolía que no es decorativa, sino estructural, que se mezcla con textos que cortan el aire y nos recuerdan que el arte, antes de ser objeto de consumo, es un diario de vida fragmentado, un refugio para las obsesiones que no caben en los formatos tradicionales.

 

 

Es, en esencia, un trabajo que entiende el valor de lo crudo. Al observar sus composiciones, uno percibe esa herencia del DIY y del collage analógico, donde la belleza reside en lo que otros desechan: la textura de un papel gastado, la mancha de tinta inesperada, la palabra que quedó a medio escribir. Es una obra que dialoga con lo subterráneo, con lo que se hace por necesidad vital, recordándonos que para generar un impacto real no se necesita más que una mirada afilada y el coraje de mostrarse vulnerable frente al papel.

 



Visita su cuenta para encontrar mas trabajos

 

 https://www.instagram.com/idratherbethinthanfamous/


domingo, 26 de abril de 2026

SLOWKISS

FRESH  (2026)

 


 

 Por Gonzalo Vilo

 

         Un nuevo disco siempre es sinónimo de buenas noticias, especialmente en un país como el nuestro, donde cuesta tanto que cualquier proyecto musical se desarrolle. La liberación de Fresh, último disco de Slowkiss, el pasado mes de febrero, es una prueba fiel de aquello.

Trece tracks componen este tercer larga duración que, desde “Fresh Start”, nos instala de lleno en un sonido que transporta al oyente a esas tardes después del colegio, cuando encendías la radio o ponías MTV y aparecían aquellas tremendas bandas de rock alternativo que escuchábamos en los noventa y a principios de los dos mil.

Actualmente radicados en España, la banda liderada por Elisa Montes vuelve a la escena con Fresh, un disco que inyecta vitalidad a su catálogo y propone una nueva mirada sobre su estilo, conservando siempre su sello característico. Si bien en gran parte del disco la banda sigue manteniendo sus influencias ligadas al shoegaze, al punk y al rock alternativo, en este trabajo los vemos oxigenar un poco su sonido. Aquí las guitarras persisten como columna vertebral, pero se despliegan sobre un pulso rítmico más dinámico que dota al álbum de melodías constantes y un diseño estructural más nítido.

El disco se siente orgánico, menos calculado y mucho más fluido que su antecesor, K.O., demostrando que el desarraigo les sentó bien para pulir un lenguaje interno que no necesita de sellos ni modas para sonar gigante.

En el corazón de este trabajo late una rabia lúcida y una crítica frontal a la “dictadura de la felicidad” que vomitan las redes sociales. Temas como “A.K.O.L” golpean directo en la cara de la hipocresía cotidiana y la ambición de quienes se aferran a sus privilegios. Pero el mensaje no se queda en el aire; hay una carga política y personal potente, marcada por la fricción de ser mujer en un entorno dominado por lógicas masculinas y discursos de cartón. Fresh es un diario de lucha social y poder femenino que, entre pasajes poéticos y melodías persistentes, nos recuerda que la música sigue siendo la mejor trinchera para escupir las incomprensiones del ser humano.

Desde la distancia, Slowkiss mira de reojo una escena chilena precarizada y apunta con el dedo a las corporaciones de streaming que han devaluado el arte. Sin embargo, el cordón umbilical con el underground nacional sigue intacto. Con la llegada de José Gómez y Antonio Salar a la formación, el grupo encontró una estabilidad sonora que los llevó a girar por Alemania y Suiza, pero el hambre de volver a casa sigue ahí. Fresh es el hito de una banda nómada que, aunque hoy opera desde Europa, sigue sonando a esa rebeldía artesanal que solo se aprende pateando las calles de Chile. Un disco necesario para despertar antes de que nos terminen de idiotizar.

 

 


 

 

viernes, 24 de abril de 2026

 LÉGAMO

CÍRCULO DE FUEGO (2026)

 

   

 

Gonzalo  Vilo  

 

     Las horas aquí ya no se miden: se expanden. Lo que antes era una tarde ahora se estira como una semana entera. El sofá ha cedido bajo el peso repetido de mi cuerpo, mientras la televisión insiste en el mismo loop de declaraciones, informes y estrategias de una guerra que parece no terminar nunca. ¿Es real todo esto o apenas una coreografía del miedo? La sospecha flota, constante.

A veces me paseo alrededor de este cuchitril oscuro, leyendo a Bradbury o dejando que los discos de Vandermark 5 llenen el aire. El arte es lo único que calma, lo único que todavía parece fuera de alcance. Mis vecinos están en la misma. No sé cómo sobreviven. Al lado, Jaco —creo— sigue viviendo, aunque hace meses que no escucho su voz con claridad a través de la delgada pared. Dicen que consume algo nuevo, una droga que lo transporta hacia otros mundos. No lo culpo. Hace meses que desde su departamento salen sonidos extraños: una música vanguardista, fragmentada, que te empuja hacia un universo psicodélico y ucrónico. La última vez que lo escuché, gritaba sobre un círculo de fuego: “TAR TAR”.

Antes, cuando todavía podíamos salir, iba a verlo tocar en el Dubua Junto a su banda Légamo. Un proyecto de Valparaíso que lleva casi diez años mutando en silencio. Lo que alguna vez fue una rareza de culto entre pasillos oxidados y noches eternas, hoy se presenta como un sexteto afilado que combina punk mutante, desvaríos avant-prog y ráfagas de free jazz como si estuvieran invocando algo más grande que la música misma.

La música que ahora se filtra por la pared —y que sospecho pertenece a Círculo de Fuego— conserva esa esencia, pero la empuja más lejos: una grieta sonora donde una utopía solarpunk se levanta entre ruinas, con una psicodelia cruda y una narrativa sci-fi que no solo acompaña, sino que estructura el viaje. Siete composiciones que funcionan como portales: momentos de tensión, expansión y trance que parecen diseñados para la noche, pero también para sobrevivir la rutina. Hay una intención clara: incomodar, abrir, empujar la imaginación hasta que duela un poco.

Y en medio de todo eso, vuelve una idea que no me suelta. Jaco me habló de esto hace tiempo, antes de que todo se viniera abajo: grabar un disco así y después irse. Salir de Valparaíso, cruzar lo que quedara en pie y huir hacia La Serena, una de las pocas ciudades libres que —según él— todavía resistían. Escuchando esto ahora, encerrado, no puedo evitar pensar que Círculo de Fuego también es eso: un mensaje cifrado, un mapa, o al menos una promesa.

Jaco es el centro de este delirio orbitante, un personaje que no necesita explicarse porque su historia está incrustada en cada capa del álbum. Légamo construye una experiencia que funciona como la banda sonora de una revuelta ganada, un futuro improbable donde humanidad y naturaleza se reconcilian mientras todo vibra en frecuencias extrañas.

Pero lo más potente del disco no es su ambición conceptual, sino su honestidad brutal. A pesar del refinamiento y de las colaboraciones que expanden su universo, la banda sigue sonando como lo que es: un proyecto nacido en el under, visceral y sin domesticar. Círculo de Fuego es una carta de identidad, pero también una declaración de principios.

Y mientras sigo acá, con el ruido lejano de ese otro mundo atravesando la pared, la idea persiste: salir. Irme. Llegar, de alguna forma, a esa ciudad libre. Aunque sea siguiendo el rastro de esta música.






miércoles, 22 de abril de 2026

 VIRUS EN CHILE

LA LOCURA DEL ROCK QUE NOS CONTAGIÓ 

 


 

Por Gonzalo Vilo

 


     Durante la década de los ochenta, el rock latino vivía uno de sus momentos más vibrantes. Bandas como GIT, Soda Stereo o Virus, y en Chile grupos como Los Prisioneros, Upa o Aparato Raro, llevaban la batuta de una escena musical que no solo dominaba las radios, sino que también comenzaba a definir una nueva identidad juvenil y cultural. Hasta el día de hoy, ese período es recordado como una etapa en la que la música se convirtió en una forma de expresión generacional, tanto en el país como en el resto del continente.

Cristóbal González Lorca nos transporta con soltura a esos momentos increíbles de la historia del rock sudamericano, evocando una época en la que, aunque fuera por instantes, la música nos hacía imaginar un futuro libre de las ataduras de la dictadura. El autor pone especial énfasis en la banda argentina Virus, centrándose particularmente en su emblemático disco Locura de 1985, una obra que marcó un antes y un después en su trayectoria y en la escena musical de la época.

Virus en Chile, la locura del rock que nos contagió no es, en ningún caso, un título antojadizo. A través de una cuidada recopilación de voces —desde grandes representantes de la música hasta reseñas y entrevistas publicadas en importantes diarios y revistas del país—, el autor logra reconstruir con gran fidelidad tanto el esplendor de la banda argentina como la intensidad de las emociones que despertaba en el público. De este modo, el libro no solo documenta hechos, sino que también transmite la energía y el fervor que caracterizaron sus presentaciones en Chile.

El libro, sin embargo, no se limita a la celebración, sino que también aborda algunas de las polémicas que rodearon a la banda. Entre ellas, se explora el motivo por el cual no pudieron presentarse en el Festival de Viña del Mar, así como los episodios de censura por parte de ciertos canales de televisión chilenos hacia algunas de sus letras. Asimismo, se profundiza en los prejuicios que enfrentaron al inicio de su carrera, cuando eran catalogados como frívolos en un contexto social marcado por la homofobia, lo que añade una capa más compleja y crítica al relato.

En definitiva, el libro de González Lorca no solo rescata la historia de Virus en su paso por Chile, sino que también permite comprender el impacto cultural que tuvo el rock latino en toda una generación. Se trata de una obra que combina memoria, contexto histórico y sensibilidad musical, logrando revivir una época en la que la música fue mucho más que entretenimiento: fue una forma de resistencia, identidad y cambio.
 
 
 

 

domingo, 19 de abril de 2026

 PINOCHET  BOYS

   

 

 


     Hablar del single homónimo de los Pinochet Boys en vinilo de 7 pulgadas no es simplemente reseñar un disco; es exhumar un artefacto de guerra cultural. En una época donde el ruido era peligro, este vinilo se alza como el tótem definitivo del under chileno de los 80. La aguja cae y lo que emerge no es música complaciente, sino una bofetada de post-punk errático, cargado de una urgencia eléctrica que parece a punto de derretir el surco. Es el sonido de una juventud  capturada en la fidelidad cruda y analógica que solo el formato pequeño puede sostener con tanta tensión.

La experiencia de tener esta placa girando a 45 RPM es un viaje directo al Garage de Matucana. Temas como "La música del general" se sienten como cables pelados chispeando en un charco; hay una aspereza en el vinilo que le hace justicia a la precariedad técnica y a la genialidad conceptual de la banda. El arte de la carátula, con esa estética de fotocopia y guerrilla, complementa un objeto que hoy es considerado, con justa razón, el Santo Grial del punk nacional. Es un clásico que no envejece porque su combustible no fue la moda, sino la fricción pura contra el autoritarismo.

Es necesario reconocer, para los completistas y los oídos más digitales, que existen otras encarnaciones de este caos. Las grabaciones rescatadas en formato CD —como las incluidas en compilados de archivo— ofrecen una claridad necesaria para diseccionar las capas de distorsión. Mientras que el CD funciona como un documento histórico impecable para el estudio académico del rock chileno, el vinilo de 7" sigue siendo la forma "peligrosa" de escucharlos: breve, ruidosa y absolutamente letal.

Cerrar el circuito con este single es entender que el rock en Chile tiene un antes y un después de estos cuatro tipos. Los Pinochet Boys no necesitaban una discografía de diez álbumes para cambiar el juego. Si tienes la suerte de poseer una copia, cuídala como lo que es: un pedazo de metralla envuelto en cartón, el testimonio de que, incluso en el apagón cultural más oscuro, siempre hubo alguien dispuesto a meterle los dedos al enchufe.
 
 
 

 
 
 

miércoles, 15 de abril de 2026

LOS KRAPULITOS

123 X NADIE

 

   

 

Por Gonzalo Vilo



    ¿Y que importa chocar si nos estrellamos contra nuestros miedos? ¿Que importa emborracharnos si el vertigo borrará la timidez? Apreto el acelerador a fondo y sólo miro hacia las luces. Que la vida te encandile más que te duerma. No espero mas que verte a ti al otro lado.

123 X Nadie es el nombre del ep de la banda nacional Los Krapulitos y es una brillante mezcla de punk y pop que te hace mover el pie, saltar y bailar y a veces reir. Lanzado a mediados del 2025 el ep cuenta con cinco tracks empapados de carácter, melancolía y guitarras afiladas que invitan a moverse.

La propuesta recuerda a referentes como Juniper Moon, TCR, Juanita y los Feos, Aiko el Grupo o Los Fresones Rebeldes, pero con la crudeza y la urgencia del hardcore santiaguino: porque, como dicen ellos, “el que nace hardcore, muere haciendo pop punk”.

Lo interesante de “123 x Nadie” es cómo la banda consigue equilibrar caos y melodía. Cada integrante aporta sus propias influencias, y el resultado es un sonido que transita entre la dulzura nostálgica del pop y el punch del punk, con pinceladas de indie y hardcore que se sienten naturales, nunca forzadas. Canciones como “Me Quiero Perder en Tokio” y “Estúpida” capturan esa esencia “krapuliana”: la de habitar varios mundos musicales sin pertenecer del todo a uno, logrando un EP que es, a la vez, caótico y melódico, sincero y desordenadamente encantador.

El proceso de grabación también refleja esta filosofía. Bajo la guía de Cristóbal Faúndez, las sesiones se convirtieron en un laboratorio de ensayo y error lleno de humor, donde las ideas crecían colectivamente. La colaboración fue clave: cada miembro llegó con pequeños fragmentos que luego se entrelazaron en composiciones vibrantes, dejando que la personalidad de cada uno se filtrara en cada riff, cada línea vocal y cada arreglo. Este enfoque hace que el EP no solo suene coherente, sino también genuinamente “krapuliano”.

En definitiva, Krapulitos ha logrado con “123 x Nadie” un debut que no necesita etiquetas. Es pop punk, sí, pero también es indie, es melancólico, es caótico y es divertido. Un EP que invita a dejarse llevar por la música, a bailar mientras lloras y a encontrar belleza en el desorden. En un Santiago saturado de propuestas, esta banda demuestra que la honestidad y la energía siguen siendo la mejor fórmula para destacar, y que la escena under chilena tiene mucho que celebrar todavía.
 
 
 

  TEODIOTEODIO   ECHAREMOS EL CIELO ABAJO A PATADAS  (LP 2026)       Por Desastre  Alterno   TE ODIO, TE ODIO Y CON GANAS      Teodioteodio ...