miércoles, 18 de febrero de 2026

 SUMMER  SONIC

 


 

 Por  Nyxmorph


       ¿Alo? Llamó el segundo flyer. Aquí está el nuevo afiche del Summer Sonic, la fecha que cierra el verano 2026 en el colectivo junto a 6 super bandas de la cuarta región. 
 
 Y ya revelamos a la sexta banda, pues en aquella velada tendremos a los jovenes @lcda.cl, proyecto donde abundan los paisajes sonoros con una propuesta atmosférica que apela a un sentimiento nostálgico.
 
 

 
 
. Además, los estarán acompañando sus bandas amigas como @sonrialoestamosgrabando___, un proyecto de guitarras punzantes, gritos estruendosos y una puesta en escena frenética.
 
 

 
 y verás, y también @aquipenan, el proyecto de rock alternativo que viene haciendo ruido hace meses con sus canciones pegajosas y coreables subidas a SoundCloud.
 
 
 
Finalmente, tendremos la oportunidad de colaborar con @thanatoloop, un proyecto solista experimental vigente desde mitades de los años noventa con una propuesta ecléctica y visceral.
 
 

 
 Asimismo, @fiesta_de_holobiontes llega a la carga con su sonido de metal psicodélico presente en la escena desde el 2019, el cuarteto promete dejarte atento con su música ritual. 
 
 

 
 
Y por último, tendremos a @blackmassroom con su rock alternativo con tintes de grunge y estética de rock gótico. 
 
 
 

 

 
 
    Pronto anunciamos más detalles sobre el cronograma y los expositores, ¡nos vemos! Sede Mermasol, Gabriela Mistral #71  21 de febrero del 2026.  15:00 hrs. ENTRADAS: $3.000 PROMOCION: 2 x $5.000  ENTRADAS AL DM DE COLECTIVO FUSTE.
 
 
 

martes, 17 de febrero de 2026

 MILAGROS ABALO
NIÑA
MAYO DE 2025

 


 

     

En el paisaje cada vez más urgente de la narrativa disidente, Niña (mayo 2025), de Milagros Abalo, se instala como un susurro. Esta novela, ilustrada por Verena Urrutia, se mueve en esa frontera donde la infancia deja de obedecer y empieza a nombrarse. Abalo escribe la transición no como espectáculo ni como consigna, sino como un gesto íntimo: la mente que se rebela ante lo asignado y decide torcer el guion. Aquí no hay moraleja fácil; hay una certeza temprana que late desde la primera página: la protagonista sabe quién es, incluso cuando el mundo insiste en llamarla de otra forma.


La trama avanza con la delicadeza de quien se prueba un vestido frente al espejo por primera vez. No le gusta que le corten el pelo, no le acomodan las camisetas de fútbol ni los colores que otros eligieron para ella. Prefiere las faldas, los tutús, la ropa heredada de la hermana mayor: pequeñas insurgencias textiles que se vuelven declaración política. Abalo convierte esos detalles domésticos en símbolos de una transición que no es solo corporal, sino también lingüística y afectiva. Cada prenda es una pregunta, cada espejo una frontera, cada máscara un resto de lo que ya no se quiere habitar.

El estilo es íntimo, poético y sutil, pero no por eso blando. La prosa es luminosa como la mañana después de una noche larga: ilumina sin enceguecer. Las ilustraciones acompañan como una segunda voz, expandiendo el texto hacia zonas donde las palabras se quedan cortas. Metáforas como el “pozo del otoño” condensan la melancolía y la sensación de caída, mientras los espejos y los sueños operan como dispositivos de autoconocimiento. En esa economía de recursos, la novela encuentra su potencia: decir lo justo, sugerir lo necesario, confiar en la inteligencia emocional del lector.

Pero si algo sostiene el pulso de Niña es el foco en el reconocimiento familiar. En medio del ruido social y los prejuicios que acechan, la validación se vuelve el verdadero acto revolucionario. Abalo no romantiza el proceso, pero tampoco lo hunde en la tragedia: apuesta por la comprensión como llave de salida. Así, la transición deja de ser un campo de batalla y se transforma en un tránsito hacia la luz propia. Una obra breve, sí, pero con la densidad de esas historias que se quedan vibrando mucho después de cerrar el libro.

 

 

domingo, 15 de febrero de 2026

 CANDELABRO

DESEO CARNE VOLUNTAD  (2025)

 




     Deseo, Carne y Voluntad (2025) es el segundo disco de la banda nacional Candelabro. Incómodo, denso, imposible de ignorar. Con este segundo LP, Candelabro no solo expande su sonido, sino que construye una catedral profana hecha de culpa, bandera y carne viva. Durante una hora y trece minutos, la banda convierte imaginarios cristianos y símbolos nacionales en materia emocional y popular, despojándolos de solemnidad para devolverlos a la calle. Lo que prometía ser un disco ligado a la cultura chilena termina siendo una radiografía brutal del presente: narcotráfico, clasismo, salud mental, hastío y una fe que se arma con restos.

Musicalmente, el asunto es maximalista y sin pudor. Hay algo de la escuela de Congreso filtrada por el lente del post-rock anglo y un ADN “spinetteano” que coquetea con lo literario —sí, incluso con ecos de Gabriela Mistral—, pero todo pasado por una centrifugadora de nerd rock emocional. El saxofón corta como sirena de patrulla, los arreglos orquestales expanden el encuadre y las armonías complejas sostienen un dramatismo que bordea lo litúrgico. No es música para playlist distraída: es una experiencia densa, bombástica y orgullosamente excesiva, donde cada crescendo parece querer derribar una pared invisible.

‘Las Copas’ y ‘Domingo de Ramos’ funcionan como díptico inaugural: primero la calma tensa, el aire antes del golpe; luego el descontrol comprimido, un grito que no alcanza a ser sonido. Más adelante, ‘Prisión de Carne’, ‘Ángel’, ‘Tierra Maldita’, ‘Cáliz’ y el cierre con ‘José’ muestran a la banda en su punto más sólido: guitarras que mutan de textura, vientos que dramatizan la escena y voces que pasan de la caricia al terremoto en segundos. ‘Liebre’ y ‘Pecado’ se mueven en un territorio más pesado, aunque sin lanzarse del todo al abismo de la distorsión total; quizá ahí vive el único dilema del álbum. En cambio, ‘Tumba’ —adelanto oficial— condensa el espíritu colectivo del grupo: coros hipnóticos, tensión volcánica y una épica que podría dialogar sin complejos con Black Country, New Road o Arcade Fire.

La producción, grabada en espacios como Estudios del Sur, rehúye la pulcritud estéril: aquí se escuchan baquetas golpeando con furia, cuerdas respirando, voces que se quiebran porque deben quebrarse. Si algo suena imperfecto, es porque la herida también lo es. Deseo, Carne y Voluntad termina siendo más que un álbum: es una declaración política sin panfleto, una recuperación simbólica desde lo popular y una apuesta por construir fe en medio del fracaso. En 2025, pocas placas del rock independiente latinoamericano se atreven a tanto. Candelabro no solo eleva su propio estándar; clava una bandera que nos recuerda que los símbolos pertenecen a quienes los viven, no a quienes los administran. Y en esa convicción arde su fuego más honesto.
 
 

 

jueves, 12 de febrero de 2026

 EMOCIONES CLANDESTINAS

ABAJO EN LA COSTANERA  (1987)

 


 


      Cuando Abajo en la costanera llegó a las estanterías en 1987, Emociones Clandestinas ya había hecho ruido en Concepción, pero pocos imaginaban el impacto que tendría este álbum en la escena del rock chileno. Grabado en un entorno hostil bajo la dictadura militar, el disco emergió como una bocanada de rabia y creatividad contenida, mezclando post-punk con pop en un sonido fresco que, a pesar del contexto, se impuso con fuerza. La ironía y la crítica social se filtraban en cada tema, pero era El nuevo baile la canción que condensaba mejor la actitud de la banda: un himno que bailaba sobre la tensión de la vida urbana chilena, burlándose de un sistema que obligaba a vivir bajo normas absurdas.

Musicalmente, el álbum combinó la inmediatez del pop con la estética del rock británico de la época, logrando un estilo propio que se alejaba de los clichés locales. Canciones como Te tengo atrapada o Cajitas rectangulares reflejaban una curiosa mezcla de desazón y energía creativa, mientras que Radio Clandestina se convirtió en un guiño irónico a la necesidad de canales alternativos de expresión en tiempos de censura. Las colaboraciones en las grabaciones, como los coros de Los Prisioneros, aportaron textura al disco, aunque permanecieron invisibles en los créditos, un detalle que fortaleció aún más el halo underground de la obra.

La gestación del álbum tuvo su propia narrativa: Carmen Gloria Narváez, quien inicialmente lideró el micrófono, y su hermano Alejandro abandonaron la banda en plena producción, dejando a Jorge “Yogui” Alvarado como líder indiscutido. Esta transición marcó el carácter definitivo de la banda y cimentó su sonido, que combinaba reflexiones sobre la vida urbana con la fuerza de un pop-rock contestatario. Su debut en Santiago, organizado por Carlos Fonseca en un festival con Los Prisioneros y Aparato Raro, confirmó que Emociones Clandestinas podía competir en la capital y dejar su marca en la naciente escena de nuevo pop chileno.

Décadas después, Abajo en la costanera se mantiene como un hito del rock chileno ochentero. La combinación de letras irónicas, melodías pegajosas y energía contestataria consolidó a Emociones Clandestinas como referentes de su época, y la inclusión del disco en el ranking de los 50 mejores discos chilenos de todos los tiempos por la edición local de Rolling Stone en 2008 solo reafirmó su vigencia. Hoy, escuchar temas como Un nuevo baile o Tiempos modernos es sumergirse en un momento clave de la música popular chilena, donde la rebeldía y la creatividad lograron florecer incluso en los tiempos más difíciles.
 
 

 

miércoles, 11 de febrero de 2026

ISLAS DE CALOR

 

 


 

Islas de calor
Segunda edición, La Pollera Ediciones (2025)
Malu Furche R.

 

Por Gonzalo Vilo

 

      El planeta vive las consecuencias de años de indolencia. El cambio climático se ha vuelto incontrolable, al punto de alterar por completo nuestras formas de vida. El agua es ahora el bien más preciado; los incendios consumen árboles y casas, mientras el gobierno intenta mantener el control a través de estrictos toques de queda que solo permiten salir de noche. En esta segunda edición de Islas de Calor, publicada en 2025 por La Pollera Ediciones, Malu Furche presenta cuatro historias insertas en un mundo caótico, donde sus personajes intentan sobrevivir como pueden, aferrados a lo poco que queda.



“Vivir así” abre el libro. En él conocemos la vida de Mónica y Pastora, dos mujeres de distintas clases sociales. Pastora trabaja como empleada en la casa de Mónica, quien la trata con indiferencia, marcando con claridad la distancia que las separa. Sin embargo, esa relación comienza a resquebrajarse frente al avance de la crisis climática. En el segundo relato, “En la Atacama (o los que no vuelven)”, entramos en la historia de un bar llamado La Atacama, donde distintas voces reconstruyen un espacio atravesado por el control y la violencia militar. En “Animales de calor”, una taxista recoge a una pasajera extraña, en un encuentro cargado de tensión. Finalmente, en “La viuda y la virgen”, una mujer cree poseer poderes especiales para ayudar a los demás, en medio de un entorno que parece haber perdido toda fe.

Lo interesante es cómo la crisis climática no aparece como discurso, sino como atmósfera total. Furche evita el panfleto y apuesta por el detalle: una ventana sellada, una patrulla nocturna, una conversación interrumpida por el toque de queda. En ese minimalismo radica su potencia. El terror aquí no proviene de monstruos externos, sino del deterioro progresivo de la convivencia. El calor empuja a los personajes hacia decisiones límite, y en ese desplazamiento se revela una radiografía social inquietantemente cercana al presente.

Islas de calor se inscribe con fuerza en la tradición reciente de la narrativa chilena que cruza lo íntimo con lo político sin perder filo literario. Es un libro breve pero persistente, que deja una sensación pegajosa, difícil de sacudirse. Más que advertencia, funciona como espejo deformante: exagera apenas la realidad para obligarnos a mirarla de frente. En tiempos donde la crisis climática ya no es ficción, Furche propone imaginar el punto de no retorno —y lo hace con una sobriedad que quema.

 

domingo, 8 de febrero de 2026

 RENA EN EL SIGLO 40

CINTO  ESPACIO  TEMPORAL  (EP 2025) 

 

    

 

Por  Gonzalo  Vilo

 

    Viajo seguro, en las manos de un viejo sabio. Aves titilantes me observan encantadas, dispuestas a dejarse tocar como en un sueño idílico. Humilde y confiado, me dejo llevar a mi destino. Solo soy un mosquito alegre, una polilla torpe y estremecida ante todas aquellas figuras brillantes que me rodean. Es este el lugar donde siempre he querido estar. Es aquí donde mis sueños han querido llevarme.


Mi dispositivo al fin lo ha logrado. Después de tantos portales, he alcanzado el correcto. Solo faltan esas lindas melodías que escuché con Rena en el siglo 40 para que este momento sea perfecto. ¿Dónde las habrá conseguido? El mundo ahora nos abruma de música, estilos y palabras cuando, de pronto, las más bellas melodías se ocultan como un hongo luminoso en el fondo de un bosque y aparecen para sorprendernos, como una perla dentro de una ostra.

Cuando aterrizo de este viaje, entiendo que esas melodías ya están en mi cabeza. Ciclo Espacio Temporal es el nombre de este hermoso EP: cinco alucinantes travesías por el espacio sideral que me transportan a lugares únicos del universo solo con la ayuda de sus melodías. La propuesta se mueve cerca del rock-pop independiente, con influencias que van desde el shibuya-kei y el shoegaze hasta el experimental pop, construyendo un universo propio, sensible y envolvente.

Dentro del EP destaco Ciclo Espacio Temporal, la pieza que le da nombre a este compendio, y por supuesto Llamadas Telefónicas, tema que me encantó sobremanera. En él, la banda logra condensar su identidad: una melodía entrañable, una atmósfera íntima y un pulso emocional que se queda resonando incluso cuando la canción termina.

El estilo de Rena en el siglo 40 busca romper moldes. La banda ha sido destacada por su propuesta enérgica y melódica, manteniéndose activa en la escena de Santiago y presentándose en espacios como el RBX junto a otras bandas afines. Además, resulta interesante cómo integran experiencias de sus presentaciones en vivo dentro de sus grabaciones de estudio, reforzando la sensación de cercanía y movimiento constante.

Ciclo Espacio Temporal es su EP debut y fue liberado en noviembre de 2025. Un trabajo que se siente como un hallazgo: delicado, honesto y luminoso. Vale la pena dejarse llevar por este viaje.

 


 

jueves, 5 de febrero de 2026

 INGRID HAXAN

LA  LITURGIA  DE  LA  SOMBRA  Y  DE  LA PIEL

 

  

 

       La propuesta visual de Ingrid Haxan no busca la complacencia; es una inmersión directa en una estética del abismo que se siente tan ancestral como necesaria. Su obra se levanta como un manifiesto del Dark Art en el circuito contemporáneo, rescatando la crudeza del grabado bajomedieval para traerla a un presente saturado. Hay una honestidad brutal en su uso del negro: no es solo tinta, es un vacío que construye estructuras, donde el contraste extremo se convierte en el lenguaje principal para articular una narrativa sobre la finitud y lo oculto.

 

 

   

Como tatuadora, Haxan opera con una precisión casi quirúrgica, transformando la dermis en un soporte para la memoria pagana. Su técnica de woodcut y el uso obsesivo del hachurado rompen con la fluidez tradicional del tatuaje comercial, apostando por una gráfica rígida, de bordes afilados, que parece tallada más que inyectada. En su mano, la aguja recupera su carácter de herramienta ritual, dejando marcas que parecen extraídas de un códice prohibido, otorgando a quien las porta una identidad de amuleto viviente.

 

   

 

En su faceta pictórica, Ingrid expande este universo hacia una composición más densa, donde el folklore oscuro y la botánica marchita cobran protagonismo. Sus pinturas son altares visuales que exploran la simbiosis entre lo animal y lo místico, alejándose de cualquier romanticismo barato. Existe en sus cuadros una simetría que inquieta, una disposición ceremonial de elementos que obliga al espectador a confrontar lo que usualmente preferiría ignorar: la belleza inherente a la decadencia y el peso simbólico de la sombra.

 

  


En definitiva, la trayectoria de Haxan es un recordatorio de que el arte under más potente es aquel que no negocia su identidad. Su trabajo, ya sea colgado en una galería autogestionada o cicatrizando en un brazo, sostiene una coherencia estética inquebrantable. Ingrid no solo ilustra; transmuta el horror y el folklore en una elegancia gótica que muerde, consolidándose como una figura clave para entender la mística de la nueva gráfica oscura en la región.

 

Puedes encontrar mas de sus trabajos en su cuenta 

 https://www.instagram.com/ingridhaxan_/  

 

 

 

  SUMMER  SONIC       Por  Nyxmorph        ¿Alo? Llamó el segundo flyer. Aquí está el nuevo afiche del Summer Sonic, la fecha que cierra el...