lunes, 16 de marzo de 2026

CÓCLEA

MODUS OPERANDI (2025)

 


 

Por Gonzalo Vilo

   

   Cuando el mundo se desploma frente a nosotros, cuando comprendemos que nada parece tener sentido, no queda más que desesperarse y gritar. Pero el mundo ya no escucha, tampoco responde. Intocables alimañas sacian su hambre en las sombras, mientras ridículos bufones nos distraen bramando consignas.

Esa rabia profunda, contenida y personal estalla con crudeza en Modus Operandi, el EP de la banda nacional Cóclea. Su agresivo y energético punk desata una auténtica locura sonora a lo largo de los cinco tracks que lo componen. El viaje comienza con “Somos solo ruido”, un cover cargado de ironía y sarcasmo que funciona como introducción perfecta al tono que dominará el resto del disco.

Lanzado a finales de 2025 —aunque finalmente disponible en plataformas digitales desde el sábado 7 de marzo—, Modus Operandi reúne una selección de temas nuevos y antiguos de la banda. Durante los más de dieciocho minutos que dura este EP emergen influencias cercanas al noise y al rock/grind, sostenidas por una voz intensa que canaliza la furia y la urgencia que atraviesan todo el trabajo.

El tracklist —“Somos Solo Ruido”, “Yam”, “Bam Bam”, “No es ni esto, ni lo otro. Si hubiese podido, lo hubiese hecho igual… C’est la vie.” y “Kunai”— arma un recorrido breve pero contundente por la estética sonora del grupo. Hay guitarras punzantes, voces agresivas y un pulso post-hardcore que no busca reinventar la rueda, sino hacerla girar a toda velocidad. Entre distorsión, samples y algunos toques de synth, Cóclea construye un sonido abrasivo que bebe del noise rock y del hardcore más visceral, manteniendo siempre una sensación de peligro latente.

Pero Modus Operandi no es solo un lanzamiento: también es el combustible para la siguiente etapa de la banda. El mixtape y la gira homónima —que arrancó en Concepción— buscan reunir fondos para el esperado álbum debut, mientras documentan el recorrido por el norte de Chile en el registro audiovisual “Cóclea en el desierto”. Más que un simple compilado de temas viejos y nuevos, este mixtape captura a Cóclea en estado salvaje: directo, ruidoso y fiel a la tradición del punk chileno que todavía prefiere el sudor del escenario antes que la comodidad del streaming.

 

 


 

 

 

domingo, 15 de marzo de 2026

CORRER SOLO

RODRIGO FERNANDEZ (OVEROL 2025)

 


 

Por Gonzalo  Vilo

 



      ¿Cuán desagradables tenemos que ser como seres humanos para que atender público termine convirtiéndose, poco a poco, en un infierno? Día tras día, a las ocho de la mañana, la soberbia, la desconsideración y, a veces, incluso la violencia se asoman y marcan tarjeta. Entran y ya de inmediato te han echado el ojo. Caminan hacia ti mirándote por debajo del hombro. “Señor, ¿tiene el libro…?”.

El protagonista de Correr Solo, novela —o diario veladamente autobiográfico— de Rodrigo Fernández, lo presiente desde el inicio. Sabe que se avecinan días regimentados por una corporación para la que apenas existes y, quizás por eso, había intentado evitarlo. Pero el dinero se acaba y las cuentas se acumulan. No queda demasiado margen: termina aceptando un trabajo en una librería.

El narrador parece, en principio, un tipo sin mayores ambiciones. Cuidar a su gata chica, estar con su polola, ver los partidos de Chile en las eliminatorias, leer. También corre y visita de vez en cuando a su familia en Curicó. Pequeñas rutinas domésticas que funcionan como una forma de equilibrio frente al desgaste cotidiano. Desde ahí, Fernández arma un relato que se mueve entre la crónica laboral, el diario íntimo y una observación bastante filosa de la vida contemporánea.

En una época donde todo parece pedir estrellas y reseñas —desde un café hasta una ruptura amorosa— Correr Solo se cuela como un diario que resiste la lógica de la evaluación permanente. El libro de Rodrigo Fernández convierte la experiencia aparentemente banal de vender libros en un mall en una zona de fricción entre vida y supervivencia. La ciudad que aparece aquí —un Santiago cansado, saturado de vitrinas y horarios— no es un escenario sino una presión constante sobre el cuerpo del narrador. Desde esa fatiga cotidiana, el texto avanza como una libreta abierta al final del día: pensamientos breves, observaciones mínimas y una sensibilidad que intenta salvar algo de humanidad en medio del ritual corporativo de atender clientes.



Lo más potente del libro, sin embargo, es su defensa de lo inútil. Frente a un mundo que mide cada gesto en términos de productividad, el narrador se permite escribir de noche, demorarse, observar. En esa lentitud aparece una pequeña rebeldía: insistir en vivir aunque el sistema solo tolere sobrevivir. Así, el nuevo libro del autor de Atarantado —ganador del Premio Municipal de Literatura de Santiago— no busca redimir la vida laboral ni romantizar el fracaso. Más bien registra algo más incómodo y más real: la experiencia de una persona intentando mantenerse sensible mientras el mundo le exige volverse eficiente. Y en ese gesto, silencioso pero obstinado, la literatura vuelve a encontrar su lugar.
 
 
 
 

jueves, 12 de marzo de 2026

 ULTRAVIOLEXIA

 

 

 

       La propuesta visual de Ultraviolexia se construye desde la disciplina del dibujo, utilizando el papel como un espacio de ensayo anatómico. En sus perfiles, se observa una transición clara entre la ilustración digital pulida y el dibujo a mano alzada, donde predomina el uso del grafito y la técnica mixta. Su estilo no busca el realismo académico, sino una deformación controlada de la figura humana, caracterizada por ojos sobredimensionados y extremidades alargadas que remiten a la estética del surrealismo pop y la ilustración de autor contemporánea.
 




 
En el trabajo físico, la artista apuesta por la economía de recursos. El volumen de los rostros se resuelve mediante difuminados suaves de grafito que contrastan con líneas de contorno más definidas en áreas críticas como las manos o el cabello. No hay fondos complejos; la figura ocupa el centro del blanco del papel, lo que refuerza una sensación de aislamiento. El uso del color es puntual y estratégico: lápices de colores o marcadores en tonos violetas y rojizos intervienen el gris del lápiz para jerarquizar elementos simbólicos como la mirada o cortes anatómicos, dirigiendo la atención de forma inmediata.
 
 
 


Lo que define la identidad visual de esta obra es la convivencia entre el acabado técnico y el gesto del boceto. Al dejar visibles líneas de construcción y trazos rápidos, Ultraviolexia expone la factura del dibujo, alejándose de la frialdad del vector. Sus composiciones, cargadas de iconografía orgánica como flores y corazones que brotan de la piel, funcionan como estudios de personajes en un estado de introspección. Es un estilo gráfico que descansa en la precisión del trazo y en la capacidad de generar atmósferas densas apenas con la punta de un lápiz.
 
 
 
 
Mas de su trabajo en su cuenta de instagram
 https://www.instagram.com/ultr.art.violexia/

domingo, 8 de marzo de 2026

 PRIMAVERA

 CYAN  (EP 2026)

 

   

 

 Por  Gonzalo  Vilo

 


     Cyan es un color. Se le conoce también como azul verdoso o turquesa. Se caracteriza por una tonalidad vibrante y clara, asociada a sensaciones tales como la frescura, la tranquilidad y la introspección. Cyan también es el nombre del último EP de la banda Primavera y, al escucharlo, te das cuenta de inmediato de la conexión entre aquel color y su música.

Liberado hace pocas semanas —para ser más precisos, el pasado 7 de febrero—, el EP viene a ser la continuación de los anteriores trabajos de la banda: el EP homónimo del 2023 y su LP Nostalgia por algo que jamás viví del 2020, donde la banda nos sorprendió con un sonido lejano al cliché y a lo trillado o genérico.

Cuatro piezas musicales componen Cyan. Cuatro pasajes empapados de una textura lisérgica que te transportan a un viaje alucinante. Desde «Identidad» a «Luego lágrimas», texturas de una psicodelia moderna dominan el EP. En cada uno de los temas se nota la apuesta de la banda por un sonido cercano al downtempo y el lo-fi, que se siente como si caminaras por el Parque Forestal a las siete de la tarde. Cyan es un trabajo que respira una calma necesaria, una suerte de oasis sónico en medio del caos de la capital, demostrando que la vanguardia chilena también sabe bajar las revoluciones sin perder la intensidad.

Dentro de este EP, uno de sus cortes llamó mi atención. Se trata de «If (indefinido)», donde los límites de Cyan se expanden hacia el ambient, estirando las notas hasta que el tiempo parece detenerse, logrando una atmósfera espacial que te saca de la habitación para lanzarte a un cosmos de frecuencias bajas y reconfortantes.

En definitiva, Cyan es un ejercicio de estilo impecable que posiciona a Primavera como un nombre a tener en cuenta en la nueva camada de la música independiente chilena. Es un EP corto pero profundo, ideal para quienes buscan refugio en sonidos etéreos mientras la ciudad sigue su curso frenético.
 
 
 

 

jueves, 5 de marzo de 2026

 LUCYBELL

 PECES (1995)

 


 


    En 1995, cuando el rock chileno todavía buscaba nuevas formas de respirar después de la transición, Peces apareció como un disco extraño, elegante y nocturno. Con guitarras cargadas de atmósferas y una sensibilidad más cercana al rock alternativo británico que al grunge dominante de la época, Lucybell entregó un debut que se sintió distinto desde el primer momento. No era un álbum que gritara para llamar la atención; más bien insinuaba, envolvía y dejaba una sensación persistente, como esas canciones que uno volvía a escuchar de madrugada.

El disco construyó su identidad a partir de texturas densas y melodías melancólicas. Temas como Cuando Respiro en Tu Boca y Vete se convirtieron rápidamente en himnos radiales, pero dentro del álbum funcionaban como parte de un paisaje más amplio: un universo de guitarras etéreas, pulsos contenidos y letras que hablaban de deseo, distancia y cierta oscuridad emocional. Había algo hipnótico en la forma en que las canciones se movían, como si el disco entero respirara lentamente.

Con el paso del tiempo, lo que en su momento sonó como una apuesta alternativa terminó consolidándose como un punto de inflexión para el rock local. Peces abrió una puerta estética para muchas bandas que vinieron después, demostrando que en Chile también se podía hacer rock atmosférico, introspectivo y sofisticado sin perder identidad. No fue solo un buen debut: fue un disco que ayudó a definir una sensibilidad generacional dentro de la escena noventera.

Años después, el álbum terminó ocupando el lugar que merecía: el de clásico del rock chileno. Sus canciones siguieron sonando en radios, bares y tocatas, mientras nuevas generaciones lo descubrieron como una pieza fundamental de los 90. Escucharlo hoy fue como volver a ese momento en que el rock chileno aprendió a sonar más profundo, más nocturno y, definitivamente, más propio.
 
 






lunes, 2 de marzo de 2026

LA COPIA FELIZ

 


 

    En tiempos donde el algoritmo dicta qué escuchar y cuánto durar en la pantalla, La Copia Feliz aparece como un pequeño acto de fuga. El trabajo colaborativo entre Terpsichor y Thanatoloop no pide likes: pide tiempo. Tiempo para sentarse, dejar el scroll y meterse en una escucha atenta, casi ritual. Publicado sin la ansiedad promocional de IG o FB, el disco circula como esos secretos bien guardados del under local, sostenido más por orejas curiosas que por métricas digitales.


La historia parte hace casi tres años, en el contexto de una gira de Thanatoloop por el centro y sur de Chile, en un encuentro de electrónica motivado por la visita de Karlheinz Stockhausen a nuestro país. Ahí se cruzan las máquinas y las voluntades: Terpsichor, con su minuciosa artillería de sintetizadores análogos y una sensibilidad quirúrgica para el detalle; Thanatoloop, desde la exploración procesual y la improvisación en tiempo real. De una sesión espontánea quedaron horas de material crudo. Lo que hoy escuchamos es el primer fruto de ese encuentro —hay una segunda parte aún inédita donde se suma Kalasassaya—, un extracto que condensa secuencias vivas, capas intervenidas y una edición que tomó años de paciencia, sumando overdubs de voz y electrónica extra.

El resultado es una electrónica lúdica pero rigurosa, improvisada pero meticulosamente esculpida. Hay pulsos que se expanden como neblina industrial, texturas que crujen con cariño analógico y silencios que pesan tanto como el ruido. El arte —un collage firmado por Terpsichor— dialoga con esa estética fragmentaria y afectiva: nada está puesto al azar, aunque todo conserve la frescura del momento inicial. La Copia Feliz no tiene pretensiones grandilocuentes; tiene algo más raro en estos días: dedicación, complicidad y una fe obstinada en que todavía existe audiencia dispuesta a escuchar fuera del “terreno virtual fascista”. Y eso, en el Chile subterráneo, ya es un gesto político.
 
Pueden escuchar el disco siguiendo el link
 

sábado, 28 de febrero de 2026

GRIS CASTIGADO

ARAÑA V/S MOSCA (SINGLE 2026)


    

 

Por  Gonzalo  Vilo

 


    Escuchaba música cuando, casi por azar, miré hacia un rincón de la pieza. Sobre uno de mis pósters de The Cramps, una mosca aleteaba sin avanzar. A su derecha, la araña se movía tranquila, segura de su red. En la televisión y en el colegio me habían explicado cómo se alimentaban, pero nunca lo había visto en vivo y en directo. Aquella era mi oportunidad.

Me levanté de la cama y me acerqué con cautela. La araña era grande y oscura, con un abdomen voluminoso que parecía latir con una paciencia antigua. Tenía ocho patas, largas y delgadas, extendidas con precisión quirúrgica sobre el entramado pegajoso. Debía de ser una hembra. No había apuro en sus movimientos; todo en ella transmitía la certeza de quien sabe que la presa ya está decidida.

La mosca seguía agitándose, aterrada, atrapada bajo aquellas redes invisibles que, segundos antes, no existían para ella. No sé por qué me pareció que era la misma que había tenido que espantar varias veces durante la mañana. Quizás era una ilusión, pero me gustó pensar que sí: que aquel insecto que había zumbado libremente por la habitación ahora estaba ahí, indefenso, a merced del orden brutal de la naturaleza.

En el computador sonaba el nuevo single de Gris Castigado, tercer adelanto de su próximo LP, Trans Dios. La canción comenzaba con un riff punzante, venenoso, que parecía replicar el movimiento exacto de la araña avanzando hacia su víctima. Mientras lo escuchaba, no podía dejar de asombrarme ante la escena: hacía apenas unos minutos la mosca volaba libremente; ahora estaba atrapada, suspendida en un instante que era, al mismo tiempo, espera y sentencia.

Nada mejor que observar insectos para comprobar el absurdo y la futilidad de nuestra existencia. Esa sensación atraviesa también “Araña vs Mosca”, una pieza intensa que condensa la crudeza y la ironía que la banda viene desplegando desde los singles anteriores. Después de “Yo Cifrado” y “Lejos de Casa”, este nuevo lanzamiento no solo reafirma el nivel del próximo LP, sino que perfila con claridad su línea sonora: guitarras filosas, una atmósfera densa y una lírica que oscila entre lo existencial y lo mordaz.

“Arañas / Cayendo / Picando mis patas”, canta la voz, como si se tratara de una confesión o de una pesadilla. La canción aborda la sensación de estar condenado a arrastrar una existencia pesada, atrapados en jerarquías absurdas que nos superan y nos clasifican sin piedad. Sin embargo, lejos del dramatismo solemne, Gris Castigado recurre a la burla y a una ironía casi extraterrestre, como si observara el mundo humano desde afuera, con la misma distancia con que yo observaba aquella escena mínima sobre el póster.

Al final, la araña avanzó. La música también. Y en esa sincronía inquietante entre naturaleza y distorsión quedó flotando una certeza incómoda: quizás no somos tan distintos de la mosca, ni tan ajenos a la red.

 


 

 

CÓCLEA MODUS OPERANDI (2025)     Por Gonzalo Vilo         Cuando el mundo se desploma frente a nosotros, cuando comprendemos que nada parece...