domingo, 26 de abril de 2026

SLOWKISS

FRESH  (2026)

 


 

 Por Gonzalo Vilo

 

         Un nuevo disco siempre es sinónimo de buenas noticias, especialmente en un país como el nuestro, donde cuesta tanto que cualquier proyecto musical se desarrolle. La liberación de Fresh, último disco de Slowkiss, el pasado mes de febrero, es una prueba fiel de aquello.

Trece tracks componen este tercer larga duración que, desde “Fresh Start”, nos instala de lleno en un sonido que transporta al oyente a esas tardes después del colegio, cuando encendías la radio o ponías MTV y aparecían aquellas tremendas bandas de rock alternativo que escuchábamos en los noventa y a principios de los dos mil.

Actualmente radicados en España, la banda liderada por Elisa Montes vuelve a la escena con Fresh, un disco que inyecta vitalidad a su catálogo y propone una nueva mirada sobre su estilo, conservando siempre su sello característico. Si bien en gran parte del disco la banda sigue manteniendo sus influencias ligadas al shoegaze, al punk y al rock alternativo, en este trabajo los vemos oxigenar un poco su sonido. Aquí las guitarras persisten como columna vertebral, pero se despliegan sobre un pulso rítmico más dinámico que dota al álbum de melodías constantes y un diseño estructural más nítido.

El disco se siente orgánico, menos calculado y mucho más fluido que su antecesor, K.O., demostrando que el desarraigo les sentó bien para pulir un lenguaje interno que no necesita de sellos ni modas para sonar gigante.

En el corazón de este trabajo late una rabia lúcida y una crítica frontal a la “dictadura de la felicidad” que vomitan las redes sociales. Temas como “A.K.O.L” golpean directo en la cara de la hipocresía cotidiana y la ambición de quienes se aferran a sus privilegios. Pero el mensaje no se queda en el aire; hay una carga política y personal potente, marcada por la fricción de ser mujer en un entorno dominado por lógicas masculinas y discursos de cartón. Fresh es un diario de lucha social y poder femenino que, entre pasajes poéticos y melodías persistentes, nos recuerda que la música sigue siendo la mejor trinchera para escupir las incomprensiones del ser humano.

Desde la distancia, Slowkiss mira de reojo una escena chilena precarizada y apunta con el dedo a las corporaciones de streaming que han devaluado el arte. Sin embargo, el cordón umbilical con el underground nacional sigue intacto. Con la llegada de José Gómez y Antonio Salar a la formación, el grupo encontró una estabilidad sonora que los llevó a girar por Alemania y Suiza, pero el hambre de volver a casa sigue ahí. Fresh es el hito de una banda nómada que, aunque hoy opera desde Europa, sigue sonando a esa rebeldía artesanal que solo se aprende pateando las calles de Chile. Un disco necesario para despertar antes de que nos terminen de idiotizar.

 

 


 

 

viernes, 24 de abril de 2026

 LÉGAMO

CÍRCULO DE FUEGO (2026)

 

   

 

Gonzalo  Vilo  

 

     Las horas aquí ya no se miden: se expanden. Lo que antes era una tarde ahora se estira como una semana entera. El sofá ha cedido bajo el peso repetido de mi cuerpo, mientras la televisión insiste en el mismo loop de declaraciones, informes y estrategias de una guerra que parece no terminar nunca. ¿Es real todo esto o apenas una coreografía del miedo? La sospecha flota, constante.

A veces me paseo alrededor de este cuchitril oscuro, leyendo a Bradbury o dejando que los discos de Vandermark 5 llenen el aire. El arte es lo único que calma, lo único que todavía parece fuera de alcance. Mis vecinos están en la misma. No sé cómo sobreviven. Al lado, Jaco —creo— sigue viviendo, aunque hace meses que no escucho su voz con claridad a través de la delgada pared. Dicen que consume algo nuevo, una droga que lo transporta hacia otros mundos. No lo culpo. Hace meses que desde su departamento salen sonidos extraños: una música vanguardista, fragmentada, que te empuja hacia un universo psicodélico y ucrónico. La última vez que lo escuché, gritaba sobre un círculo de fuego: “TAR TAR”.

Antes, cuando todavía podíamos salir, iba a verlo tocar en el Dubua Junto a su banda Légamo. Un proyecto de Valparaíso que lleva casi diez años mutando en silencio. Lo que alguna vez fue una rareza de culto entre pasillos oxidados y noches eternas, hoy se presenta como un sexteto afilado que combina punk mutante, desvaríos avant-prog y ráfagas de free jazz como si estuvieran invocando algo más grande que la música misma.

La música que ahora se filtra por la pared —y que sospecho pertenece a Círculo de Fuego— conserva esa esencia, pero la empuja más lejos: una grieta sonora donde una utopía solarpunk se levanta entre ruinas, con una psicodelia cruda y una narrativa sci-fi que no solo acompaña, sino que estructura el viaje. Siete composiciones que funcionan como portales: momentos de tensión, expansión y trance que parecen diseñados para la noche, pero también para sobrevivir la rutina. Hay una intención clara: incomodar, abrir, empujar la imaginación hasta que duela un poco.

Y en medio de todo eso, vuelve una idea que no me suelta. Jaco me habló de esto hace tiempo, antes de que todo se viniera abajo: grabar un disco así y después irse. Salir de Valparaíso, cruzar lo que quedara en pie y huir hacia La Serena, una de las pocas ciudades libres que —según él— todavía resistían. Escuchando esto ahora, encerrado, no puedo evitar pensar que Círculo de Fuego también es eso: un mensaje cifrado, un mapa, o al menos una promesa.

Jaco es el centro de este delirio orbitante, un personaje que no necesita explicarse porque su historia está incrustada en cada capa del álbum. Légamo construye una experiencia que funciona como la banda sonora de una revuelta ganada, un futuro improbable donde humanidad y naturaleza se reconcilian mientras todo vibra en frecuencias extrañas.

Pero lo más potente del disco no es su ambición conceptual, sino su honestidad brutal. A pesar del refinamiento y de las colaboraciones que expanden su universo, la banda sigue sonando como lo que es: un proyecto nacido en el under, visceral y sin domesticar. Círculo de Fuego es una carta de identidad, pero también una declaración de principios.

Y mientras sigo acá, con el ruido lejano de ese otro mundo atravesando la pared, la idea persiste: salir. Irme. Llegar, de alguna forma, a esa ciudad libre. Aunque sea siguiendo el rastro de esta música.






miércoles, 22 de abril de 2026

 VIRUS EN CHILE

LA LOCURA DEL ROCK QUE NOS CONTAGIÓ 

 


 

Por Gonzalo Vilo

 


     Durante la década de los ochenta, el rock latino vivía uno de sus momentos más vibrantes. Bandas como GIT, Soda Stereo o Virus, y en Chile grupos como Los Prisioneros, Upa o Aparato Raro, llevaban la batuta de una escena musical que no solo dominaba las radios, sino que también comenzaba a definir una nueva identidad juvenil y cultural. Hasta el día de hoy, ese período es recordado como una etapa en la que la música se convirtió en una forma de expresión generacional, tanto en el país como en el resto del continente.

Cristóbal González Lorca nos transporta con soltura a esos momentos increíbles de la historia del rock sudamericano, evocando una época en la que, aunque fuera por instantes, la música nos hacía imaginar un futuro libre de las ataduras de la dictadura. El autor pone especial énfasis en la banda argentina Virus, centrándose particularmente en su emblemático disco Locura de 1985, una obra que marcó un antes y un después en su trayectoria y en la escena musical de la época.

Virus en Chile, la locura del rock que nos contagió no es, en ningún caso, un título antojadizo. A través de una cuidada recopilación de voces —desde grandes representantes de la música hasta reseñas y entrevistas publicadas en importantes diarios y revistas del país—, el autor logra reconstruir con gran fidelidad tanto el esplendor de la banda argentina como la intensidad de las emociones que despertaba en el público. De este modo, el libro no solo documenta hechos, sino que también transmite la energía y el fervor que caracterizaron sus presentaciones en Chile.

El libro, sin embargo, no se limita a la celebración, sino que también aborda algunas de las polémicas que rodearon a la banda. Entre ellas, se explora el motivo por el cual no pudieron presentarse en el Festival de Viña del Mar, así como los episodios de censura por parte de ciertos canales de televisión chilenos hacia algunas de sus letras. Asimismo, se profundiza en los prejuicios que enfrentaron al inicio de su carrera, cuando eran catalogados como frívolos en un contexto social marcado por la homofobia, lo que añade una capa más compleja y crítica al relato.

En definitiva, el libro de González Lorca no solo rescata la historia de Virus en su paso por Chile, sino que también permite comprender el impacto cultural que tuvo el rock latino en toda una generación. Se trata de una obra que combina memoria, contexto histórico y sensibilidad musical, logrando revivir una época en la que la música fue mucho más que entretenimiento: fue una forma de resistencia, identidad y cambio.
 
 
 

 

domingo, 19 de abril de 2026

 PINOCHET  BOYS

   

 

 


     Hablar del single homónimo de los Pinochet Boys en vinilo de 7 pulgadas no es simplemente reseñar un disco; es exhumar un artefacto de guerra cultural. En una época donde el ruido era peligro, este vinilo se alza como el tótem definitivo del under chileno de los 80. La aguja cae y lo que emerge no es música complaciente, sino una bofetada de post-punk errático, cargado de una urgencia eléctrica que parece a punto de derretir el surco. Es el sonido de una juventud  capturada en la fidelidad cruda y analógica que solo el formato pequeño puede sostener con tanta tensión.

La experiencia de tener esta placa girando a 45 RPM es un viaje directo al Garage de Matucana. Temas como "La música del general" se sienten como cables pelados chispeando en un charco; hay una aspereza en el vinilo que le hace justicia a la precariedad técnica y a la genialidad conceptual de la banda. El arte de la carátula, con esa estética de fotocopia y guerrilla, complementa un objeto que hoy es considerado, con justa razón, el Santo Grial del punk nacional. Es un clásico que no envejece porque su combustible no fue la moda, sino la fricción pura contra el autoritarismo.

Es necesario reconocer, para los completistas y los oídos más digitales, que existen otras encarnaciones de este caos. Las grabaciones rescatadas en formato CD —como las incluidas en compilados de archivo— ofrecen una claridad necesaria para diseccionar las capas de distorsión. Mientras que el CD funciona como un documento histórico impecable para el estudio académico del rock chileno, el vinilo de 7" sigue siendo la forma "peligrosa" de escucharlos: breve, ruidosa y absolutamente letal.

Cerrar el circuito con este single es entender que el rock en Chile tiene un antes y un después de estos cuatro tipos. Los Pinochet Boys no necesitaban una discografía de diez álbumes para cambiar el juego. Si tienes la suerte de poseer una copia, cuídala como lo que es: un pedazo de metralla envuelto en cartón, el testimonio de que, incluso en el apagón cultural más oscuro, siempre hubo alguien dispuesto a meterle los dedos al enchufe.
 
 
 

 
 
 

miércoles, 15 de abril de 2026

LOS KRAPULITOS

123 X NADIE

 

   

 

Por Gonzalo Vilo



    ¿Y que importa chocar si nos estrellamos contra nuestros miedos? ¿Que importa emborracharnos si el vertigo borrará la timidez? Apreto el acelerador a fondo y sólo miro hacia las luces. Que la vida te encandile más que te duerma. No espero mas que verte a ti al otro lado.

123 X Nadie es el nombre del ep de la banda nacional Los Krapulitos y es una brillante mezcla de punk y pop que te hace mover el pie, saltar y bailar y a veces reir. Lanzado a mediados del 2025 el ep cuenta con cinco tracks empapados de carácter, melancolía y guitarras afiladas que invitan a moverse.

La propuesta recuerda a referentes como Juniper Moon, TCR, Juanita y los Feos, Aiko el Grupo o Los Fresones Rebeldes, pero con la crudeza y la urgencia del hardcore santiaguino: porque, como dicen ellos, “el que nace hardcore, muere haciendo pop punk”.

Lo interesante de “123 x Nadie” es cómo la banda consigue equilibrar caos y melodía. Cada integrante aporta sus propias influencias, y el resultado es un sonido que transita entre la dulzura nostálgica del pop y el punch del punk, con pinceladas de indie y hardcore que se sienten naturales, nunca forzadas. Canciones como “Me Quiero Perder en Tokio” y “Estúpida” capturan esa esencia “krapuliana”: la de habitar varios mundos musicales sin pertenecer del todo a uno, logrando un EP que es, a la vez, caótico y melódico, sincero y desordenadamente encantador.

El proceso de grabación también refleja esta filosofía. Bajo la guía de Cristóbal Faúndez, las sesiones se convirtieron en un laboratorio de ensayo y error lleno de humor, donde las ideas crecían colectivamente. La colaboración fue clave: cada miembro llegó con pequeños fragmentos que luego se entrelazaron en composiciones vibrantes, dejando que la personalidad de cada uno se filtrara en cada riff, cada línea vocal y cada arreglo. Este enfoque hace que el EP no solo suene coherente, sino también genuinamente “krapuliano”.

En definitiva, Krapulitos ha logrado con “123 x Nadie” un debut que no necesita etiquetas. Es pop punk, sí, pero también es indie, es melancólico, es caótico y es divertido. Un EP que invita a dejarse llevar por la música, a bailar mientras lloras y a encontrar belleza en el desorden. En un Santiago saturado de propuestas, esta banda demuestra que la honestidad y la energía siguen siendo la mejor fórmula para destacar, y que la escena under chilena tiene mucho que celebrar todavía.
 
 
 

domingo, 12 de abril de 2026

MARCELO ARCE GARÍN


VÉRTEBRAS    

EDITORIAL CUARTO PROPIO (2025)

 


 

     La reivindicación de la lucha persistente de los pueblos latinoamericanos atraviesa Vértebras, el más reciente libro de Marcelo Arce Garín. Desde sus primeras páginas, el poemario propone un desplazamiento por geografías diversas que, más allá de sus fronteras, comparten una misma herida abierta. No se trata de un viaje contemplativo, sino de una inmersión en territorios marcados por la violencia, la memoria y una resistencia que nunca termina de apagarse.

Publicado en 2025 por Editorial Cuarto Propio, el libro articula una serie de voces y escenas donde conviven quienes cayeron por una causa y quienes encarnaron la brutalidad. Los poemas se mueven entre esos polos sin resolverlos, dejando que el lenguaje cargue con la tensión: aparecen episodios oscuros de la historia latinoamericana, pero también irrumpen gestos mínimos de afecto, como si la ternura fuera otra forma —más silenciosa— de insurrección.

Pero Vértebras no se limita a reconstruir una memoria: la tensiona, la sacude, la vuelve materia inestable. Hay algo de cordillera viva en su escritura, un temblor que recorre Chile, Perú, Bolivia o Colombia como si fueran segmentos de un mismo cuerpo fracturado. La lengua se desarma y se vuelve a armar con restos —ritmos populares, jergas, ecos musicales— en un flujo que evita la postal y abraza lo áspero. Más que narrar, Arce corta y fricciona: de ese roce emerge una épica menor, incómoda, donde los cuerpos insisten incluso en su desaparición.

En ese gesto, el libro dialoga con una tradición que no es solo literaria, sino también visual y política: la sombra de Elías Adasme aparece como un espejo invertido, mientras resuenan nombres como José María Arguedas o Micaela Bastidas. Sin embargo, Vértebras no se queda en la cita ni en la consigna: trabaja el lenguaje como un cuerpo más, sudado y mestizo, capaz de sostener —aunque sea por instantes— una ternura extraña. Ahí está su filo: una poesía que no embellece la catástrofe, pero tampoco renuncia a imaginar, entre ruinas, otra forma de respiración.
 
 
 

sábado, 11 de abril de 2026

 DESTRUYENDO AUTOS / BLUM
 

HISTORIA, REGLAS, TÉCNICAS  (SPLIT 2026)

 


 

 Por Gonzalo Vilo


      
    Uno de los lanzamientos que me dejó pegado este 2026 es este EP compartido entre Destruyendo Autos y Blum. Acá no hay relleno ni poses: hay pega colaborativa de verdad. Historia, reglas y técnicas es un split de cuatro cortes que no solo sostiene lo que venían insinuando, sino que reafirma con convicción las buenas vibras que dejaron sus trabajos anteriores.

Hace poco más de un año, Destruyendo Autos irrumpía con un debut homónimo que golpeaba directo: cinco temas cortos, filosos y sin rodeos. Por su lado, Blum también se la jugó con un EP homónimo más reciente, donde las guitarras limpias y los arpegios cargados de melancolía se te quedan dando vueltas. Ambos proyectos orbitan cerca del midwest emo, el math rock y el indie, pero con identidad propia, posicionándose firme dentro de una escena emo chilena que no para de crecer y afilarse.

“Historia, Reglas, Técnicas” suena como grabado en la pieza de al lado, con alguien pensando en voz baja. El split entre Destruyendo Autos y blum es DIY hasta la médula, con un audio quebrado que se asume como estética. En minutos se instala en un Midwest Emo donde la torpeza emocional se vuelve guitarras que tropiezan bonito. Destruyendo Autos abre con “Título (Yo vs una piedra)”, directo y sin ornamentos, como un conflicto mínimo pero devastador. blum, en cambio, despliega una sensibilidad dispersa en “Chocapic” y “Donde fueron las palabras”, entre lo absurdo cotidiano y la nostalgia. Aquí el math rock no es virtuosismo, sino precisión emocional para evitar decir lo que duele.


Más que un simple split, este lanzamiento funciona como una cápsula del presente emo chileno: breve, honesto y profundamente humano. No hay grandes pretensiones ni producción inflada, pero justamente ahí radica su peso. “Historia, Reglas, Técnicas” captura esa etapa incómoda de la joven adultez donde todo parece transitorio, incluso las canciones. Y en esa fugacidad, Destruyendo Autos y blum logran algo que muchas bandas más grandes no pueden: sonar reales, necesarios, y peligrosamente cercanos.

 

 


 

 

 

 

SLOWKISS FRESH  (2026)       Por Gonzalo Vilo             Un nuevo disco siempre es sinónimo de buenas noticias, especialmente en un país c...