domingo, 31 de mayo de 2026

 HESSE  KASSEL

LA BREA 

 


 

Por Mati  LO-FI

     

     Un disco para musicalizar el colapso. Asi podriamos definir La Brea el debut de Hesse Kassel. Un trabajo que se siente exactamente como ese desastre hermoso del que no puedes apartar la mirada. Esta no es musica complaciente, no se compuso buscando sintonía radial; son casi ochenta minutos de un art rock denso, monolítico y profundamente asfixiante que brota desde los márgenes de Santiago. A través de ocho cortes monumentales, la banda chilena teje una telaraña de guitarras angulares y dinámicas de post-rock criminal, donde la calma tensa de canciones como "Postparto" o "En Tiempo Muerto" estalla, sin previo aviso, en muros de distorsión indómita que recuerdan el pulso más visceral de mitos como Slint o Swans.

Lo verdaderamente revolucionario de esta entrega radica en su crudeza lírica y su puesta en escena sonora, un mérito que ya les valió el reconocimiento al Mejor Show en Vivo en los pasados Premios Índigo. Lejos de las metáforas gastadas del rock nacional, el grupo utiliza el spoken word y el minimalismo rítmico para construir postales de una cotidianidad gris y alienante. El disco funciona como un ritual de resistencia; es el sonido de una juventud atrapada en el asfalto que encuentra su catarsis en la repetición hipnótica de "Moussa" o en los desvaríos ruidistas de la implacable "Yo La Tengo", demostrando un nivel de madurez compositiva inédito para un debut en nuestra escena subterránea.

Que un artefacto tan complejo y autogestionado haya roto el cerco local para colarse en los radares internacionales —llegando incluso a las listas de lo mejor del año en medios gringos como Consequence— es un tapabocas para quienes insisten en que el rock en Chile está muerto. La Brea es un monumento a la persistencia independiente, un viaje áspero que te deja con los oídos zumbando y el pecho apretado. Si todavía te queda algo de fe en el poder transformador del ruido y la vanguardia criolla, corre a buscar una de sus copias en vinilo o déjate arrastrar por su marea negra en Bandcamp; estamos ante el nacimiento de un clásico de culto inmediato.


 

 


 

 

sábado, 30 de mayo de 2026

 ANDRES  LARRAIN  ARANEDA

     

 Por MATI - LOFI

      

         Nacido en Ovalle en 1985, Andrés Larraín Araneda pertenece a una generación de fotógrafos chilenos que encontró en el fotolibro y el ensayo visual un espacio más libre para pensar la imagen desde la experiencia personal antes que desde el reportaje tradicional. Egresado de fotografía profesional del Instituto Arcos, su trabajo ha ido construyendo una obra coherente alrededor de la memoria, los recuerdos y aquello que permanece apenas como residuo emocional del paso del tiempo. Esa idea aparece de manera explícita en su visión de obra —“los residuos” como fragmentos retenidos por la fotografía—, pero también atraviesa toda su producción visual: cuerpos que apenas se dejan ver, calles vacías, interiores detenidos y paisajes donde el silencio pesa más que cualquier relato evidente.

   

    Lo interesante es cómo esa búsqueda se sostiene en registros muy distintos sin perder unidad. Sus imágenes analógicas tienen una materialidad áspera y contenida, con grano visible, contrastes suaves y una relación muy física con la luz y el deterioro. En sus trabajos a color, en cambio, aparece una temperatura emocional más directa: flashes crudos, pieles sobreexpuestas, escenas nocturnas donde la intimidad se siente frágil y algo incómoda. Incluso en sus retratos hay una sensación de distancia; las personas parecen absorbidas por sus propios pensamientos mientras la cámara se mantiene cerca, pero nunca invasiva. La ciudad, la cordillera y los espacios interiores funcionan menos como escenarios que como extensiones del estado anímico de las imágenes. Hay una melancolía persistente en su fotografía, aunque siempre contenida, nunca exagerada.
 
  
 
 
 
Costras probablemente sea el punto donde todas esas líneas terminan de encontrarse. El libro, centrado en la sequía y el desgaste territorial del Limarí, evita conscientemente la espectacularidad de la catástrofe ambiental para concentrarse en sus huellas más íntimas y silenciosas. Ahí el paisaje aparece erosionado de la misma forma que los recuerdos: fragmentado, ambiguo, imposible de fijar por completo.
 

 
 
 La memoria familiar, el territorio y el deterioro material conviven en una secuencia donde no siempre queda claro qué pertenece al archivo y qué al presente, como si ambas dimensiones fueran inseparables. Más que fotografiar certezas, Larraín parece interesado en registrar aquello que permanece suspendido: restos de luz, de lugares y de experiencias que sobreviven apenas como imágenes incompletas. Y justamente ahí, en esa fragilidad sostenida sin artificio, es donde su trabajo encuentra una voz propia dentro de la fotografía chilena contemporánea.
 
   
 
Puedes encontrar mas de su trabajo en su cuenta de instagram 
 
 https://www.instagram.com/larrainaraneda/?hl=es  
 
o en su pagina web
 
 
 
 

viernes, 29 de mayo de 2026

 CLANK

NADA SE PIERDE CON VIVIR

    

 

Por Desastre  Alterno

 

QUE NADA SE PIERDA

 

        Clank es una banda formada por Jorge Ugarte en guitarra, voz y sintetizador, Ignacio Labbé en el bajo y Mauricio Vásquez en batería. Con esta agrupación, más distintos músicos invitados, en mayo del 2025 hicieron el lanzamiento del disco titulado Nada se pierde con vivir.

         Para entender el sonido de esta banda, hay que remitirse a la gran cantidad de grupos en los cuales Jorge Ugarte ha participado, destacándose por ser un músico inquieto, siempre con un alma experimental que la traspasa a su música. Algunas de estas formaciones son: Leidan, Zat, Costa Rica y Federico Luppi.

         El tema Golpe a Golpe, con una cadencia que recuerda sonidos latinoamericanos, invita a un baile de liberación. Larga vida al sol es lo que podríamos llamar un tema “muy Clank”: una voz rabiosa, un sonido suave, experimental y por momentos fuerte, siempre con un Groove tribal.

         Siempre ilegal no es solo una oda al mantenerse en contra del sistema sino también puede entenderse como un canto a la inmigración, sobre todo en momentos en que se busca juzgar a quien viene desde otros lados. La voz de Estonia Oczara se ajusta muy bien a la potencia del tema. Bestias, en tanto, es un tema jam que bebe mucho de bandas como Sandino Rockers: bailable, punk y siempre rockero.

         Mental es un tema instrumental (valga la redundancia) que sirve de entrada rabiosa a Todo todo todo, una de las canciones donde más se puede entender la filosofía de la banda. Aquí se hace una crítica a la rutina y aceptar la normalidad, aquella paz de las ovejas. Y este mensaje queda aún más claro con Tirapiedra, tema con un coro totalmente pegadizo, donde colabora el músico Katafu.

         En Tómalo se aprecia el gusto por la experimentación de la banda. En el último tema, Andariego, la voz parece alargarse creando una sensación de aletargamiento como si quien cantara estuviese preso de algo de lo que necesita escapar.

         Nada se pierde con vivir es pues, un disco hermoso, lleno de reminiscencias folclóricas y latinoamericanas, siempre con un contenido político que no es solo un simbolismo lírico sino también una forma de vida.

 

 


 

  HESSE  KASSEL LA BREA      Por Mati  LO-FI             Un disco  para musicalizar el colapso . Asi podriamos definir   La Brea el debut de...