lunes, 26 de enero de 2026

 ALEJANDRA  MUSALEM

 

    

 



     Alejandra Musalem se mueve en un territorio donde la pintura no es solo imagen, sino rito. Nacida en Santiago en 1966, su recorrido vital —desde la odontología hasta la entrega total al oficio pictórico— no es un dato anecdótico, sino una clave de lectura: hay en su obra una obsesión por lo interno, por lo que late bajo la superficie, como si cada tela fuese una radiografía emocional. El óleo, noble y lento, es su aliado principal, un medio que le permite insistir, volver, profundizar, sin apuro ni concesiones.
 
   
 
Su imaginario se construye desde una figuración narrativa cargada de símbolos, donde lo femenino y la infancia aparecen como zonas de tensión psíquica más que como identidades fijas. Las figuras no buscan el realismo, sino activar algo incómodo y familiar a la vez: arquetipos que emergen desde el inconsciente y que dialogan directamente con la psicología jungiana, disciplina que Musalem incorporó de manera consciente a su proceso creativo.
 
     
 
 Aquí la pintura funciona como herramienta de indagación simbólica: un espacio donde los sueños, los miedos y las pulsiones toman forma visible. Cada escena parece suspendida en un tiempo impreciso, como si ocurriera en un umbral entre lo consciente y lo inconsciente. La infancia, lejos de toda nostalgia, se presenta como un territorio inquietante, atravesado por ambigüedades y silencios. Lo femenino, por su parte, se despliega como fuerza arquetípica, múltiple y contradictoria, ajena a estereotipos y más cercana a una energía ancestral que a una identidad cerrada.  
 
   
 
 En ese sentido, la obra de Musalem no propone respuestas, sino preguntas que persisten. Sus pinturas invitan a una contemplación lenta, casi meditativa, donde el espectador se ve implicado emocionalmente, empujado a reconocer algo propio en aquello que observa. Hay una dimensión ritual en su práctica: pintar como acto de transformación, como proceso de conocimiento interior. Así, cada tela se vuelve un campo simbólico activo, un espejo oscuro y fértil donde la subjetividad se expande y la pintura recupera su poder primitivo de revelación.
 
 
Mas del trabajo de la artista en 
 
 https://alejandramusalem.format.com/

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