BROCHA NEGRA
En los márgenes digitales donde el arte todavía respira sin algoritmo, Brocha Negra se instala como una trinchera gráfica. No es un portafolio complaciente ni una vitrina pulida para el mercado: es un manifiesto visual. Cada entrada funciona como un disparo de tinta contra el cinismo contemporáneo, una afirmación de que el dibujo —sí, el dibujo directo, sobre papel— sigue siendo un arma política cuando se carga con convicción.
La estética se mueve entre lo visceral y lo simbólico. Rotuladores, tintas y acuarelas construyen imágenes que no buscan la perfección técnica sino la intensidad expresiva. Hay una crudeza deliberada, una línea que parece temblar no por inseguridad sino por urgencia. El trazo no adorna: denuncia. El soporte humilde refuerza la ética del proyecto —nada de espectacularidad vacía, todo enfocado en el mensaje y en la potencia del gesto manual.
Conceptualmente, el proyecto se inscribe en una tradición ácrata y anticolonial que conecta con el arte militante latinoamericano, pero también con el surrealismo entendido como sabotaje de la lógica dominante. Las consignas no aparecen como slogans publicitarios sino como extensiones naturales de la imagen. Aquí la ilustración no acompaña al texto: lo encarna. Tierra, territorio, cuerpos en resistencia y memoria política se entrelazan en composiciones que funcionan como pequeños altares insurgentes.
Lo más interesante es que no hay intento de neutralidad. En tiempos donde el arte institucional muchas veces disimula su postura bajo capas de ironía, Brocha Negra elige la frontalidad. Es un proyecto que incomoda, que toma posición y que asume el riesgo de no gustarle a todos. Y ahí radica su fuerza: en recordarnos que el arte underground no es una estética, sino una actitud.
Mas del trabajo del artista lo puedes encontrar en su cuenta de instagram


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