CONJUNTO VACIO
EN MIS MANOS LA SOLEDAD
Por Gonzalo Vilo
Finalmente, lo que permanecía oculto en lo más profundo ha estallado. Un grito visceral, cargado de rabia, frustración y desesperanza. Llega un punto en que ya no se puede sostener más: ¿era esto lo que se suponía debiamos resguardar? Lo que nos entregaron no es más que una ilusión desgastada, una agonía lenta disfrazada de promesa. Un eco vacío que resuena hasta desgarrar desde dentro.
En 2026, Conjunto Vacío decide canalizar toda esa tensión en En mis manos la soledad, un LP de casi treinta minutos que se erige como testimonio del extravío emocional de una generación que ha dejado de encontrar sentido en su propia existencia. No es solo un disco: es una herida abierta.
Con un sonido crudo y directo, profundamente arraigado en el screamo, el hardcore y el post-hardcore, el álbum golpea sin aviso. Cada uno de sus dieciocho temas está impregnado de una intensidad que no da tregua, construyendo una experiencia catártica que interpela desde lo más íntimo. Aquí no hay espacio para la indiferencia: o se siente, o se quiebra.
Originarios de San Carlos, al sur de Chile, Conjunto Vacío ha sabido abrirse paso en la escena underground gracias a una propuesta honesta y visceral. Sus presentaciones en vivo, marcadas por una emocionalidad desbordante y una melancolía casi tangible, terminaron por consolidar una identidad que hoy se vuelve aún más significativa.
Este lanzamiento no solo representa su obra más completa, sino también un cierre. En mis manos la soledad funciona como despedida, marcando el inicio de un receso indefinido que deja más preguntas que respuestas. Sea cual sea el motivo, queda la esperanza de que este no sea un adiós definitivo, sino un silencio previo a un eventual regreso. Porque hay gritos que, incluso cuando cesan, siguen resonando.
En 2026, Conjunto Vacío decide canalizar toda esa tensión en En mis manos la soledad, un LP de casi treinta minutos que se erige como testimonio del extravío emocional de una generación que ha dejado de encontrar sentido en su propia existencia. No es solo un disco: es una herida abierta.
Con un sonido crudo y directo, profundamente arraigado en el screamo, el hardcore y el post-hardcore, el álbum golpea sin aviso. Cada uno de sus dieciocho temas está impregnado de una intensidad que no da tregua, construyendo una experiencia catártica que interpela desde lo más íntimo. Aquí no hay espacio para la indiferencia: o se siente, o se quiebra.
Originarios de San Carlos, al sur de Chile, Conjunto Vacío ha sabido abrirse paso en la escena underground gracias a una propuesta honesta y visceral. Sus presentaciones en vivo, marcadas por una emocionalidad desbordante y una melancolía casi tangible, terminaron por consolidar una identidad que hoy se vuelve aún más significativa.
Este lanzamiento no solo representa su obra más completa, sino también un cierre. En mis manos la soledad funciona como despedida, marcando el inicio de un receso indefinido que deja más preguntas que respuestas. Sea cual sea el motivo, queda la esperanza de que este no sea un adiós definitivo, sino un silencio previo a un eventual regreso. Porque hay gritos que, incluso cuando cesan, siguen resonando.

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