SERGIO BAEZA CABELLO - ENTREVISTA

 




¿Qué te motivó a rescatar la "microhistoria" y los silencios cotidianos de la dictadura en lugar de enfocarte en los grandes acontecimientos políticos?

La motivación principal tiene que ver con la necesidad de mostrar el lado B de la dictadura. En efecto, la microhistoria de ese proceso histórico tiene mucho que aportar a la construcción de una memoria histórica.

La dictadura la vivimos todos los que habitamos el país e incluso todos los exiliados. Ello implica que hay miles de pequeñas historias y recuerdos atesorados en todos aquellos que estuvimos presentes y a todos nos afectó profundamente.

Es una generación entera, la llamada hijos de la dictadura que terminó dañada, porque nunca hubo una reparación país, fue como pasar de la tv blanco negro a la tv en colores, y como si nada, la transición democrática implicó dejar atrás el pasado oscuro, doloroso.

De alguna forma se ha venido tiñiendo de olvido nuestro pasado. Escribir este libro implica la búsqueda intensa de la memoria infantil.


Los actos escolares con canciones de Nino Bravo o los murmullos en la mesa familiar son detalles muy específicos. ¿Cómo fue el proceso de escarbar en tu propia memoria para recuperar esos momentos tan íntimos?

Doloroso, escribía y paraba para llorar, por diversos motivos, perdí a mi madre el año 99, mi padre hace poco, mi hermano menor falleció el 2011, por lo tanto al escribir de la infancia también era escribir de la familia y no solo eso, era un ajuste de cuentas con la idea de familia, toda esa carga emocional se fue expresando a lo largo de los relatos,

La música del tocadiscos actúa como un hilo conductor en el libro. ¿De qué manera crees que las canciones de los años 70 y 80 ayudaron a moldear la identidad y la resistencia emocional de esa generación?

La radio y la música estan muy presentes en la cotidianidad de la vida en aquellos años. Por eso, no es extraño que la música se haga parte de nuestra historia e incluso forma de ser. Mucha gente adulta de aquellos años valoraba la música romántica en español, en cambio en las Ues era común asistir a una peña a escuchar música del canto nuevo. Sin embargo, para la mayoría de la juventud de aquellos años la aparición de los Prisioneros, fue destapar una parte de nuestro cerebro que estaba en off.

En tus relatos se evidencia un contraste constante entre el miedo al poder autoritario y la persistencia de la ternura y la rebeldía. ¿Cómo lograste equilibrar esa oscuridad ambiental con la luz de los afectos familiares?

Uno a pesar del contexto, igual ama, quiere, igual sueña, es lo único que la dictadura no nos podía arrebatar, el derecho a soñar en la chica que me enamoré, en soñar con superar la dictadura y vivir algún día en democracia. Ese era un sueño individual y colectivo; los afectos eran más intensos, sabíamos que estábamos en dictadura, que era injusto, pero jamás renunciamos a sentir, a querer, a soñar.

El libro es definido como un homenaje a quienes vivieron esos años en silencio. ¿Qué mensaje esperas entregar a las nuevas generaciones que no vivieron el toque de queda ni la censura a través de estos Relatos circulares?

De alguna forma el libro es para las nuevas generaciones, que les sirva para que puedan tener la opción de aprender a conocer lo que significa vivir en una dictadura, y que ello también les ayude a valorar la democracia, que imperfecta será, pero es mejor que vivir en una sociedad oprimida por la dictadura.

Pensando en el futuro de tu obra, ¿estás trabajando actualmente en algún nuevo libro y cuáles son tus próximas presentaciones o lecturas agendadas?

El libro salió a la luz pública a inicios de año, y durante el verano y hasta fines de abril tuvimos difusión y presentaciones. Estamos en un receso, y espero que podamos sacar un tiraje para eventos en el último trimestre de este año.

Estoy en el inicio de un nuevo trabajo, pero es aún incipiente, además que probablemente sea una novela, lo que implica mayor tiempo para la escritura.


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