ENTREVISTA:VICTOR SOTO

 




1. Víctor, para entender el presente de tu cine es necesario mirar atrás. ¿Cómo fueron tus primeros acercamientos al séptimo arte desde la Región de Coquimbo y qué te impulsó a utilizar la cámara como una herramienta de transformación y visibilización social?

R. Mi primer acercamiento al cine fue a través de la escritura. Siempre escribí, pero cuando comencé a ser consciente de la estructura de una historia, descubrí que eso era lo que más me conectaba con el cine.

En realidad, durante mi infancia no vi muchas películas. Estaba enfrentando la muerte de mi papá y me fui a vivir con unos tíos a quienes quiero mucho. En ese contexto vi El Gringuito, una película chilena que me hizo mucho sentido. Me identifiqué con esa sensación de ser extraño en un espacio que no era el propio; en mi caso, no necesariamente en otro país, pero sí en otro entorno familiar, mientras comenzaba a adaptarme a una nueva etapa de mi vida.

Después, entre los siete y diez años, recuerdo dos películas que significaron una conexión mucho más profunda con el cine: ¿A quién ama Gilbert Grape? y Hombres de honor. En ese período, en mi familia ya sabían que me interesaban las cámaras. Venía de enfrentar la muerte de dos familiares muy cercanos y, de alguna manera, esas experiencias me hicieron conocer otras realidades. Me nacieron muchas preguntas, contradicciones y también una necesidad de observar y comprender lo que ocurría a mi alrededor.

Son preguntas e historias que fui cargando hasta mi primer intento de hacer cine con el largometraje Secuelas. Creo que desde entonces existe algo que se ha mantenido en mi trabajo: me interesa indagar en los márgenes, en aquellos espacios y realidades que muchas veces la mirada oficial omite. Es justamente ahí donde he puesto mi foco.

Creo que gran parte del cine se ha construido históricamente desde las élites y, lamentablemente, esa situación todavía persiste. Basta con observar quiénes tienen hoy la posibilidad de producir y dirigir las películas que llegan a las grandes cadenas y quiénes tienen acceso a contar determinadas historias.

Para mí, hay muchas otras realidades que merecen ser narradas. Ese ha sido uno de mis principales impulsos como director: intentar contar, de una manera honesta y respetuosa, aquellas historias que muchas veces no vemos, pero que también forman parte de lo que somos y han construido nuestra identidad.

 


 



2. Tu cortometraje anterior abordó con mucha crudeza la realidad de la migración haitiana en Monte Patria, logrando un importante circuito internacional. ¿De qué manera esa experiencia previa cimentó las bases narrativas y técnicas para enfrentarte a un proyecto tan ambicioso como "Mamífera"?


R. Sí, ha sido fundamental para crecer. Más allá de la obra misma, Desde tu sombra es una película hecha con mucha pasión por un equipo muy comprometido, que confío profundamente en la historia, y con una productora talentosísima como Carolina Astudillo, cuya confianza ha sido vital durante todos estos años. Creo que todo eso fue parte de lo que finalmente permitió que la película tuviera el impacto que alcanzó, porque hay mucho corazón puesto en cada etapa del proceso.

Ha sido verdaderamente una escuela. Fueron seis años intensos de búsqueda constante, de construir bajo el rigor y de aprender a levantarse frente a cada frustración. También de escuchar al equipo en todo momento y de entender que la historia tiene que estar siempre por sobre cualquier dificultad personal o circunstancial.

Aprender a trabajar en el universo de construir una película significa enfrentarse a crisis constantemente, y eso termina siendo fundamental para aprender. No podríamos estar construyendo una obra con una narrativa más sensible si no hubiéramos atravesado todas esas frustraciones. Creo que es importante no idealizar el proceso creativo: hay que mantener los sentidos activados frente a cada señal y entender que una película puede tomar muchos años, independiente de su tamaño o presupuesto.

Todo eso construyó un cimiento fundamental para enfrentar Mamífera y, sobre todo, para mantenerse enamorado de la idea durante seis, siete u ocho años. Enfrentar las reescrituras que fueran necesarias hasta encontrar una conexión con la historia que no me permitiera soltar el objetivo de concretarla.

También significó asumir riesgos técnicos y salir de la zona de confort, pero siempre teniendo un plan B frente a los imprevistos. Irnos a la cordillera a filmar esta historia significó enfrentarnos a un paisaje majestuoso, pero también brutal, y fue fundamental hacerlo con un equipo pequeño que ya contaba con la experiencia previa de Desde tu sombra. Eso nos permitió abrazar las crisis y resolverlas juntos.

Creo que también hay que tener muy presentes los márgenes creativos en los que uno puede moverse a partir de la investigación previa, para luego construir desde ahí una mirada propia. Antes de filmar Mamífera, un amigo me dijo algo que se me quedó grabado: entrar al rodaje de una película es como jugar la final del Mundial. Todo lo que has estudiado y preparado durante años tiene que validarse en cada instante del set. Muchas veces tienes apenas unos minutos para tomar decisiones bajo una presión enorme, definir cada detalle, darle sentido a ese momento y, finalmente, inmortalizarlo.

Creo que Desde tu sombra me enseñó justamente eso: que hacer cine es resistir, escuchar, adaptarse y seguir creyendo en la historia incluso cuando el proceso se vuelve difícil. Y ese aprendizaje fue fundamental para poder enfrentar a Mamífera.


3. "Mamífera" es un proyecto de largo aliento que te tomó ocho años de desarrollo. ¿Cuál fue el detonante o la vivencia personal que te hizo decir "esta historia sobre las mujeres crianceras de la cordillera tiene que ser contada ahora ya"?


R. Sí, me atrevería a decir que Mamífera es el proyecto más grande en el que me ha tocado trabajar y, al mismo tiempo, probablemente el que siento más sólido, justamente por la consistencia que ha ido adquiriendo durante estos años.

La idea inicial nace de una conversación con mi madre sobre su infancia. Como hijo, uno atraviesa en algún momento una etapa en que el juzgamiento hacia los padres comienza a disminuir y aparece una necesidad distinta: acercarse a ellos para comprenderlos. En ese período comencé a acercarme más a mi madre, a preguntarle por su historia y a conocer detalles de su infancia. Así fue como me contó la historia de unos vecinos que vivían en la cordillera.

En los años 70, el abandono infantil era una realidad muy fuerte. Muchos de esos niños sobrevivían alimentándose de los animales que tenían. Eso me hizo mucho eco, especialmente por la fidelidad de esas relaciones y por cómo podían mantenerse a lo largo de toda una vida, en contraste con la fragilidad de muchas relaciones humanas.

Esa idea se quedó conmigo. Hoy vivimos en espacios hiperconectados, pero muchas veces frente a una pantalla que termina siendo el reflejo de nuestra propia soledad. Por eso sentí que esta historia tenía que ser contada ahora: porque también necesitaba preguntarme qué somos y qué hemos ido perdiendo como sociedad al desconectarnos de la tierra.

Mamífera nace desde ahí, desde la necesidad de volver a observar nuestra relación con la naturaleza y con aquello que nos sostiene. No quería solamente contar la historia de una mujer criancera; quería que su experiencia pudiera representar algo más profundo sobre nuestra propia relación con el territorio.

Aurora, interpretada por la talentosa Rosa Ramírez, se entrega en cuerpo y alma a este personaje. Para mí, ella representa mucho más que su propio oficio o su condición de mujer criancera. Una reencarnación de la tierra: un cuerpo que ha sido capaz de resistir, alimentar y sostener, pero que también termina pagando en carne propia la violencia que ejercemos sobre ella.





4. Tu obra se sumerge en la resistencia cultural de las últimas mujeres crianceras trashumantes. ¿Cómo trabajaste el guion para equilibrar la denuncia sobre la pérdida de sus territorios con el debido respeto y homenaje a sus saberes ancestrales?


R. La primera bajada de la idea nace, como comentaba antes, de aquella conversación con mi madre. A partir de ahí comenzó un proceso de investigación que se extendió durante cerca de ocho años y que fue fundamental para entender realmente el mundo que quería retratar.

Un pilar clave en esa investigación ha sido Mirtha Gallardo, presidenta de las comunidades agrícolas, quien nos conoció en 2018 y nos ha acompañado prácticamente desde los orígenes del proyecto. Ella fue fundamental para acercarnos a distintas familias que se dedican a la crianza de animales en la cordillera.

Desde 2019 comenzamos, junto al equipo, a visitar crianceras en la cordillera y a contrastar constantemente el guión con sus propias experiencias y vivencias. Ese proceso fue muy importante porque, en más de una ocasión, la realidad nos obligó a cuestionar lo que habíamos escrito. Fue duro darnos cuenta de la crudeza de sus vidas y de cómo acercar el guión a esa rudeza.

Creo que ahí estuvo una de las claves para equilibrar la denuncia con el respeto: escuchar. No intentar imponer una mirada sobre ellas, sino permitir que sus propias experiencias fueran transformando la película. La investigación no fue solamente buscar información para escribir; fue aprender a mirar y entender que había una realidad mucho más compleja de lo que inicialmente imaginábamos.

Además, había un aspecto que para mí era fundamental visibilizar: la participación activa de las mujeres crianceras, que históricamente ha quedado opacada por la figura del hombre. Hay muchas mujeres en la cordillera que son el motor y uno de los pilares fundamentales de sus familias, pero el discurso oficial les ha dado poca cabida.

He escuchado y también leído que no existen mujeres solas en la cordillera, muchas veces dicho por personas que lo aseguran desde afuera. Yo los invitaría a adentrarse en la cordillera, especialmente en pleno 2026, y conocer la fortaleza y resistencia de muchas de ellas.
 

 

5. El cortometraje cuenta con la participación de la destacada actriz Rosa Ramírez. ¿Cómo fue el proceso de dirección y complicidad con ella para lograr traspasar a la pantalla la inmensa carga emocional y la resiliencia que exige el personaje principal?

R. Fue un honor desde el momento en que nos conocimos. Rosa es una actriz muy comprometida y rigurosa con los detalles, y quedé profundamente sorprendido con su entrega al proyecto.

Reconozco que al principio tenía cierta preocupación por con quién me iba a encontrar, entendiendo la trayectoria y la dimensión de la actriz que representa Rosa, siendo parte de grandes películas dirigidas por el maestro Raúl Ruiz y participando también en películas tan destacadas como La Nave del Olvido o Mala Junta. Sin embargo, desde el primer momento fue muy grato ver su interés constante por la historia, cómo escuchaba atentamente cada detalle y la disposición que tuvo para comprender lo que yo quería contar.

Siempre fui muy sincero con ella respecto de lo que quería del personaje y por qué necesitaba contar esta historia. Rosa entendió muy rápidamente la necesidad de concretar, lo necesaria que era para mí y lo que había detrás de ella. Creo que desde ahí comenzó a generarse una complicidad que me tiene muy contento con el resultado.

La inspiración para Aurora también nace de la imagen de mi bisabuela y de la carga emocional con la que viven muchas de estas mujeres en plena cordillera. Hay algo que para mí era fundamental: el silencio. El silencio puede llegar a ser devastador. Considerarlo como un punto de partida nos llevó a una dirección muy práctica, donde muchas veces no necesitábamos explicar demasiado, sino observar, escuchar y dejar que el cuerpo y las acciones hablaran.

Rosa se entregó completamente a ese proceso. Aprendió a hacer quesos, a sacar leche y a realizar muchas de las tareas propias de las crianceras. Siempre fue más allá. Era sorprendente todo lo que entregaba y la manera en que incorporaba cada detalle, incluso mucho más allá de lo que necesitábamos para la película.

Creo que esa entrega fue fundamental para construir a Aurora. No se trataba solamente de interpretar a una mujer criancera, sino de comprender su relación con el territorio, con los animales, con el silencio y con una forma de vida que requiere una enorme resistencia. Rosa entendió eso y llevó al personaje con una generosidad y una profundidad que valoro muchísimo.
 
 
 

6. Recientemente, "Mamífera" obtuvo de forma unánime el Premio Festhome de Distribución Digital en la sección Work In Progress de Cine Lebu 2026. ¿Qué significa este respaldo para el equipo en esta etapa de postproducción y qué puertas esperan que se abran en el circuito de festivales?


R. Es un importante respaldo, sobre todo viniendo de Cine Lebu, considerando que es el único festival en Chile preseleccionador para los Premios Oscar y Goya. Eso le entrega a la película una visibilidad muy importante en una etapa que para nosotros es clave.

La competencia era difícil. Había varias películas de gran nivel provenientes de distintos lugares de Latinoamérica, por lo que recibir el premio de manera unánime por parte del jurado fue una sorpresa y, al mismo tiempo, una forma de validar nuestra historia y el trabajo que hemos desarrollado durante tantos años.

El premio nos dará un impulso importante para la distribución. Ahora queremos generar una estrategia que nos permita conectar con otros territorios donde no hemos llegado con nuestras películas anteriores y lograr que más personas conozcan la historia de las últimas mujeres crianceras de la cordillera de los Andes.

Pero, más allá de los circuitos, lo que más nos importa es que la película pueda encontrarse con las personas y generar una conversación en torno a lo que estamos contando. Al final, el objetivo siempre es que cada película nos permita hacer más películas.
 
 

Para cerrar, Víctor: una vez que concluya el ciclo de "Mamífera", ¿hacia dónde apunta tu mirada? ¿Qué temáticas o territorios de la Región de Coquimbo te gustaría explorar en tus futuros proyectos cinematográficos?


R. Hay varias ideas que he considerado para futuros proyectos. Una de ellas es un proyecto que no nació de mí, sino que me invitaron a dirigir, un documental que actualmente se encuentra en etapa de preproducción.

También hay otras historias que me interesa abordar desde la ficción. Una de ellas tiene que ver con la impunidad y, específicamente, con la vulneración de los derechos de niños, niñas y adolescentes. Creo que es necesario hablar de la protección de las infancias y de la responsabilidad que tenemos como sociedad y como Estado frente a situaciones que muchas veces permanecen invisibilizadas.

En general, me siguen interesando las historias que están en los márgenes, aquellas realidades que necesitan ser observadas con mayor atención y que todavía tienen mucho que decirnos sobre quiénes somos. Y, por supuesto, la Región de Coquimbo sigue siendo un territorio al que quiero volver una y otra vez, porque siento que todavía existen muchas historias esperando ser contadas.

 

 


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