RESEÑA: ESTOY BIEN – A LA DISTANCIA (2026)

 





Por Gonzalo Vilo


    Buenas noticias nos llegan este mes de septiembre. Después de unos brevísimos días de descanso producto de las fiestas del 18, nos hemos encontrado con un nuevo hito discográfico. A La Distancia, el esperado segundo larga duración del trío nacional Estoy Bien, ya se encuentra sonando en la mayoría de las plataformas digitales. Nuestro equipo, siempre ávido de nuevos sonidos, ya lo escuchó y lo analizó a fondo.

Con una propuesta notablemente más madura y un sonido impecablemente pulido, los muchachos logran dar un paso firme hacia adelante respecto a Apoyo Emocional (2023), aquel debut con el que se abrieron camino con fuerza en la prolífica escena del rock independiente chileno. En este nuevo trabajo, la banda decide volcarse hacia la introspección para explorar las complejidades de la salud mental, la nostalgia, los vínculos afectivos y el inevitable impacto de crecer. Si en su disco anterior la angustia se sentía como un golpe inmediato y visceral, aquí esa misma energía se percibe matizada por la autorreflexión y una mirada mucho más templada hacia el crecimiento personal.

En lo estrictamente musical, A La Distancia marca una interesante evolución en la identidad de la banda. El álbum rompe las fronteras de sus raíces ligadas al emo, el pop punk y el post-hardcore, abriéndose paso hacia texturas propias del grunge e incorporando ganchos melódicos muy cercanos al pop. Este giro estético se ve potenciado por su metodología de producción: a diferencia de la grabación en bloque de su debut, este disco se trabajó registrando cada instrumento de manera independiente. El resultado es una mezcla con capas sonoras profundas, guitarras de un filo cortante y una base rítmica demoledora donde el bajo toma un rol protagónico y sumamente virtuoso. Finalmente, el juego vocal alcanza un equilibrio altísimo, transitando con total fluidez entre líneas melódicas armoniosas y esos arrebatos de gritos desgarradores que disparan la intensidad en los momentos cumbre del álbum.

En definitiva, A La Distancia no solo cumple con las altas expectativas de quienes seguían de cerca los pasos del trío, sino que posiciona a Estoy Bien como uno de los proyectos más lúcidos y honestos de la música chilena actual. Es un disco que duele, pero que también reconforta, recordándonos que el distanciamiento y las crisis no son el final del camino, sino parte de la maduración. Un regreso impecable que se siente como el abrazo sonoro que todos necesitamos después de la tormenta.






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