Las imágenes de Julián Ayala, el alias duermoenagua, están llenas de lugares que conocemos pero que, puestos bajo esa luz artificial y esos negros profundos, dejan de comportarse como lugares reales: una carretera, una bencinera, una arquitectura, un cuerpo, el agua. Todo parece estar a medio camino de desaparecer. Hay algo de madrugada en estas pinturas, pero no de esa madrugada épica del cine, sino de la hora en que ya no pasa nada y uno sigue despierto mirando por la ventana. Ayala habla de “habitar la imagen” y la idea funciona: sus cuadros no parecen hechos para ser contemplados desde afuera, sino para quedarse un rato adentro, aunque sea en un espacio que no existe.
El agua aparece como una especie de virus que se mete en todo. No necesariamente vemos mares o lagos de manera literal; aparece su lógica: profundidad, suspensión, refracción, oscuridad, cuerpos flotando en un espacio que parece no tener arriba ni abajo. Las cuevas marinas, la noche y las luces aisladas cumplen una función parecida. Son lugares de refugio, pero también de incertidumbre. Nada termina de explicarse y ahí está buena parte de la tensión. El cuerpo puede convertirse en paisaje, la arquitectura puede parecer sumergida y una luz puede dejar de ser simplemente iluminación para convertirse en materia. En vez de entregarnos una escena cerrada, Ayala construye fragmentos y deja espacios vacíos para que el espectador complete lo que falta. Es una pintura que trabaja más con la sensación que con la anécdota, más cerca del insomnio que de la postal.
Lo interesante es que detrás de esta apariencia silenciosa hay bastante trabajo de construcción. Ayala parte muchas veces de fotografías propias, las mezcla, las altera digitalmente y después lleva esa arquitectura imposible nuevamente al óleo. Ese recorrido entre fotografía, manipulación digital y pintura termina siendo parte fundamental de la obra: primero recoge pedazos del mundo, después los desarma y finalmente los vuelve a levantar con pincel, óleo, transparencias y capas. El resultado no busca contar una historia concreta ni resolver qué estamos mirando. Más bien propone un lugar extraño donde quedarse unos minutos, como esas imágenes que aparecen en la cabeza cuando uno viaja de noche y mira las luces pasar. En una escena saturada de imágenes rápidas y hechas para desaparecer al siguiente scroll, duermoenagua apuesta por algo bastante menos urgente: construir una imagen que no se agote inmediatamente.
Puedes encontrar mas del trabajo del artista en:
https://www.instagram.com/duermoenagua/?hl=es




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