ENTREVISTA: ISMAEL RIVERA L.

 

  


Ismael, tu obra siempre se ha movido entre la palabra escrita y la sonoridad. A día de hoy, ¿en qué pie se encuentra tu trabajo creativo y cómo conviven actualmente el escritor y el músico en tu cotidianidad?

R. Primero, me gustaría agradecerte la entrevista y agradecer a Experimental Lounge por todos sus años dedicados a difundir cultura de manera independiente y autogestionada. Dicho esto, respondo tu pregunta. En estos momentos, mi trabajo creativo está volcado totalmente a estos dos seres que me habitan, pero que se reconocen como uno solo cada vez más. Recientemente publiqué un nuevo sencillo y su videoclip, realizado por Laura B. Grondona. Este sencillo nació justo mientras nos encontrábamos trabajando, junto a Sonido Fango, en la musicalización de Colonia Penal, mi último libro. En medio de los ensayos y las sesiones de grabación, un verso empezó a darme vueltas en la cabeza, luego ese verso se volvió poema y a ese poema lo acompañó una sonoridad, un canto. Así nació “Constelación de los caídos”. Luego trabajamos su música, pero el poema ya venía con su propia melodía, creada a partir de la voz. Ha sido interesante ir viendo cómo el escritor ha aprendido a cantar y el cantor ha aprendido a escribir.




Con poemarios recientes como Colonia penal (2023) e incursiones en la literatura infantil con H, mi amiga silenciosa, has demostrado una gran versatilidad. ¿Estás trabajando actualmente en algún manuscrito o tienes alguna futura publicación en el horizonte que nos puedas adelantar?

R. Sí. A comienzos de este año terminé de revisar el manuscrito de la nueva edición de “Tizne” y ya se encuentra en manos de la editorial que lo publicará, Nadar Ediciones, quienes también publicaron Colonia penal. “Tizne” fue publicado en junio del 2019 por Cerrojo Ediciones, editorial ya extinta, y sus ejemplares se agotaron hace un par de años. Algunos de sus versos fueron rayados o escritos en pancartas para la Revuelta de octubre, algo que me tomó por sorpresa y que me emocionó mucho. Pero luego vino la derrota, otra vez, y la vuelta del fascismo vestida de traje, y sentí que ese libro tenía que volver. Revisé alguno de sus poemas y trabajé en poemas nuevos, los que serán incorporados en la nueva edición. Posiblemente sea publicado durante el primer semestre del próximo año.


Tu propuesta como "Isma Rivera" une la poesía, la memoria y el ritmo de la calle. ¿Cómo surgió inicialmente esta necesidad de llevar el poema al formato del disco y la canción, y cómo ha evolucionado esa búsqueda desde Desbautízame hasta hoy?

R. Hay dos puntos que para mí son claves. Por una parte, está el gesto de volver a juntar lo que nunca debió estar separado. La poesía nace unida a su dimensión sonora, al canto, a lo ritual. Luego el ser humano, en su necesidad de encasillamiento, separó escritura y voz. Creo que un poema solo está completo cuando accedemos a su escucha. Por otra parte, pero ligado a lo anterior, creo que llevar los poemas al plano musical permite que más personas puedan llegar a ellos. Es una forma de saltarse barreras físicas (personas ciegas), económicas y geográficas que tiene el libro. Por lo mismo hace un par de meses decidí reunir todo mi material en una página web, ismarivera.cl, así se simplifica también para quienes no se mueven en redes sociales.

Creo que lo que más ha cambiado en estos años, desde Desbautízame hasta Constelación de los caídos, ha sido mi capacidad vocal (risas). Más allá de la broma, creo que ha evolucionado mi forma de abordar esta unión entre poesía y música. Desde “La última cena de los buitres” me he atrevido a componer desde la voz, a diferencia de ese primer disco. He abrazado la libertad sonora que esto me entrega, ya que al asumir la voz como mi instrumento, asumo también que es la voz (y la letra), lo único que hará de columna vertebral en mi obra. La musicalidad irá variando de acuerdo al músico con quien colabore. Esta deriva, no exenta de vértigo, alimenta mis ganas de seguir hacienda cosas y explorando géneros diversos.




Pensando en el presente de tu proyecto musical, ¿estás componiendo nuevo material o tienes agendada alguna presentación en ciernes (en vivo) donde el público pueda encontrarse con tu propuesta sonora?

R. Sí. En estos momentos estamos terminando la grabación de “Colonia penal”, junto a Sonido Fango, con quien tocamos desde Errante, y Marcos Bueno, músico cordobés. Estamos explorando aquí una sonoridad más ligada al trip-hop, con harto paisaje sonoro, pensando en el contenido de los textos. Es un disco mucho más experimental, alejado totalmente del formato canción. En noviembre estaré presentándome en Valparaíso junto a Gonzalo Sáez, y en Santiago junto a Gato Extranjero.




Ediciones Oxímoron ya superó la década de vida, consolidándose como un espacio clave para la cultura chilena. ¿En qué momento institucional y creativo se encuentra la editorial hoy en día?

R. Oxímoron se ha ganado el cariño de lectoras, lectores y pares gracias al trabajo sostenido e independiente. Eso trae muchísimas satisfacciones, pero ninguna económica (risas). Es lindo ver que la editorial logra sostenerse a sí misma, se ha hecho realmente independiente. Seguimos con muchos proyectos, nutriendo cada colección. Creo que la edición independiente está pasando por un momento de crisis, de mucha despolitización con tal de recibir un par de beneficios por debajo o de no ser vetados de la farándula pobre literaria. Ante esto, Oxímoron continúa hablando a través de su catálogo.



Mantener un sello independiente en el Chile actual es un acto de resistencia cultural. Mirando hacia atrás y proyectándote al futuro, ¿cuáles han sido las mayores dificultades y desafíos que han tenido que sortear para sostener en el tiempo este proyecto literario?

R. Todos. Tener una editorial en Chile no es un negocio. Se hace por vocación y convicción. Le dedicas el 60% de tu tiempo a algo que no te da un sueldo, y tienes un 40% para trabajar en algo que te permita trabajar también en la editorial. Es por eso que la inversión de un país en cultura es necesaria. No me extrañaría que muchas de las editoriales independientes que hoy existen, mueran durante los próximos años de este gobierno. Dicho esto, saber que lo realizado en Oxímoron va a quedar en la historia de la edición chilena, principalmente por su colección de teatro, es algo que nadie puede pagar. Dentro de 50 años, cuando alguien investigue sobre el teatro chileno de comienzos del siglo XXI, nuestros libros aparecerán como archivo ineludible.



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