RESEÑA: TORI INU LP (2025)

 

  

Por Gonzalo Vilo




hay algo sobre el reflejo del cielo en el pavimento mojado que no me deja pensar en algo que no seas tú — tori inu (2025)



    Me cuesta entender qué ha pasado. Miro por la ventana o al techo, camino por mi pieza, me acuesto, enciendo la televisión sin verla, y todo gira como un disco interminable al que he dejado de escuchar. Sin saber cómo todo llegó a su final, veo que se asoman rostros; sonrisas y momentos se me aparecen fugaces, coloridos, como un caleidoscopio efímero. ¿Quiénes eran? ¿Qué nos dijimos? Recuerdo cuando soñaba con viajar al pasado para cambiarlo, y ahora daría todo para vivirlo tal como fue.

La música sigue. No se detiene. Nada lo hace. El cielo es lo único que permanece inalterable, como si los dioses nos lo hubiesen regalado para que recordáramos lo felices que éramos o podríamos haber sido. Pero ahora necesito escuchar algo. Alguien me recomendó este disco con un nombre muy largo: “hay algo sobre el reflejo del cielo en el pavimento mojado que no me deja pensar en algo que no seas tú”, de tori inu, un trabajo íntimo que me ha acompañado en estos días suspendidos. En sus letras se asoma una melancolía juvenil, el peso del paso del tiempo y el desamor, ideal para encerrarse en la soledad de una habitación.

En cuanto al estilo del disco, este se mueve entre el Midwest Emo, el Indie Folk y el Slacker Rock, siendo su sonido instrumental el núcleo de su atmósfera nostálgica. Durante gran parte del álbum, las texturas Lo-Fi se entrelazan con pasajes de guitarras acústicas desnudas cargadas de un aire folk psicodélico. La interpretación vocal suena intencionalmente cansada, arrastrada y suave, con una mezcla que la sitúa al mismo nivel (o un poco por debajo) de los instrumentos, emulando una sensación de timidez y aislamiento.

El carácter introspectivo de las canciones de Cristóbal Mellado se intensifica gracias a una producción artesanal y fiel al espíritu del bedroom pop. El álbum fue capturado bajo la ética de la autogestión en su propia habitación en Temuco, donde el siseo del ambiente, el crujido de las cuerdas y las imperfecciones técnicas no se ocultaron, sino que se abrazaron como parte del paisaje sonoro. Este enfoque analógico y casero transforma el ruido en textura, convirtiendo la grabación en un íntimo diario de vida sonoro; un testimonio rústico y honesto que, al difuminarse en sus últimos acordes, sella el disco con esa inconfundible morriña de lo que se extraña y la calidez de lo que permanece guardado en la memoria.









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